El ambiente del Garden de Las Dalias invitaba este jueves a dejarse llevar. Entre las luces, la vegetación y la decoración que caracteriza al espacio de Sant Carles, el público fue ocupando poco a poco el jardín hasta que Alex Serra y Totidub tomaron el escenario. A partir de ahí, más que un concierto al uso, lo que se vivió fue un viaje compartido entre canciones, historias y momentos de introspección.
Serra fue desgranando su particular universo sonoro, en el que conviven el soul, el dub, la electrónica, el reggae y sonidos de distintas culturas. Temas como «In the Real World», «Human», «Love», «So Free», «Tulum», «Outter Space» o «Ahora» fueron apareciendo a lo largo de una actuación en la que la música se intercaló constantemente con las palabras del artista.
Serra no se limitó a cantar. Entre canción y canción fue compartiendo historias, pensamientos y experiencias personales con los asistentes, explicando algunos de los episodios que hay detrás de su música y dejando espacio incluso para algún momento de meditación. El ritmo del concierto se fue construyendo así entre canciones y pausas, entre la energía de los temas y momentos de calma en los que el público permaneció atento a las palabras del músico.
La respuesta de los asistentes fue creciendo a medida que avanzaba la noche. Los aplausos, los bailes y la complicidad entre el artista y quienes llenaban el jardín fueron creando un ambiente cada vez más cercano. La distancia entre el escenario y el público parecía hacerse más pequeña con cada canción.
Recuerdos de Ibiza
En distintos momentos de la actuación, Serra también echó la vista atrás para recordar su relación con Ibiza. El artista explicó que no conoció la isla hasta 2020, aunque posteriormente acabaría viviendo aquí durante varios años. Una etapa importante en su trayectoria personal y artística, durante la que Ibiza se convirtió también en fuente de inspiración para su música.
La conexión con la isla y con el público quedó especialmente patente en la recta final del concierto. Cuando llegó el momento de la despedida, Serra no se quedó sobre el escenario. Bajó hasta el jardín y se mezcló con los asistentes, que lo rodearon mientras continuaban los aplausos.
El concierto terminó con una imagen poco habitual: el músico, en medio del público, fundido en un gran abrazo colectivo. En el centro de ese círculo formado por los asistentes, tres niños acompañaron a Serra en los últimos instantes de la actuación, convirtiéndose en protagonistas inesperados de la despedida.
Así terminó una noche en la que Alex Serra llevó su música al Garden de Las Dalias, pero también convirtió el escenario en un punto de encuentro. Las últimas notas dieron paso a un abrazo compartido entre artista y público, una imagen que resumió el espíritu de una actuación construida alrededor de la conexión, la cercanía y la experiencia colectiva.