La artista ibicenca Aïda Miró participa desde el pasado 1 de octubre en una residencia artística de tres meses en Takeo Onsen, una localidad balnearia situada al sur de Japón. Con el apoyo del Institut Ramon Llull, la creadora desarrolla un proyecto que busca establecer un diálogo entre Ibiza y Japón a través de la cultura popular, las tradiciones ancestrales y la representación de las mujeres.
La residencia reúne a cuatro artistas procedentes de diferentes partes del mundo y les proporciona alojamiento y un espacio de trabajo. El estudio se encuentra en Itoya, una antigua tienda de kimonos reconvertida en taller artístico y espacio expositivo bajo el nombre de Arts Itoya, que acoge una muestra colectiva cada mes. Miró permanecerá durante los tres meses del programa y, por tanto, participará en tres exposiciones.
La primera tendrá lugar el próximo 25 de octubre y mostrará los trabajos realizados durante el primer mes de estancia. Entre las obras que presentará la artista ibicenca figura un retrato de su abuela paterna, Luisa, de 102 años, a quien fotografió durante el verano en ropa interior para utilizar las imágenes como referencia. Con esta pieza, Miró reivindica que la sensualidad no desaparece con la edad. «Creo que también se puede ser sexy con 102 años; mi abuela es un claro ejemplo», explica.
La muestra incluirá también un tríptico dedicado a las «Payeses Emprenyades», protagonizado por Esperança, Francisca y Neus. Para desarrollar estas obras, la artista combina fondos de pintura acrílica con óleo, una técnica que le permite trabajar simultáneamente en varias piezas mientras espera a que se seque la pintura.
Miró llegó a Japón con un rollo de lienzo imprimado y sus óleos para comenzar a trabajar desde el primer momento. Durante la estancia ha encargado más materiales para continuar creando durante los dos meses restantes. El Institut Ramon Llull contribuye a sufragar los gastos del viaje y el transporte de las obras.
La última exposición está prevista para finales de diciembre, aunque la fecha definitiva, que podría ser el 20 o el 27, todavía está pendiente de confirmación. La muestra incluirá una performance de la artista. Una vez terminada la residencia, Miró espera llevar a Ibiza las obras producidas en Japón para exponerlas en la isla, aunque todavía no ha concretado cuándo ni dónde.
Un diálogo entre dos culturas
El proyecto parte de la voluntad de conectar dos territorios aparentemente distantes a través de elementos compartidos y experiencias universales. «En mi obra hablo de valores universales a través de mi realidad local», señala Miró, que trabaja habitualmente con referencias a la cultura ibicenca, las mujeres campesinas, el folclore, las tradiciones ancestrales y las particularidades de la vida insular.
La artista considera que trabajar lejos de casa, en un entorno cultural y lingüístico diferente, está enriqueciendo su proceso creativo. Aunque su nivel de japonés es todavía básico, la experiencia le permite concentrarse en la pintura sin las distracciones de la rutina cotidiana. «Te levantas y vas al estudio. Es una experiencia maravillosa que te permite concentrarse muchísimo más», afirma.
Además del trabajo en el taller, la estancia le está permitiendo conocer otros lugares de Japón, con visitas a ciudades como Fukuoka y Nagasaki, así como a localidades cercanas con una larga tradición cerámica y talleres artesanales de fabricación de papel.
Durante los dos meses que todavía le quedan en Takeo Onsen, Miró continuará desarrollando su obra y explorando las conexiones entre la identidad ibicenca y la cultura japonesa. Un proceso creativo cuyo resultado final espera compartir con el público de Ibiza.