Hay negocios cuya historia trasciende la de sus propietarios para confundirse con la del propio pueblo. Es el caso de Bernat Vinya, en Sant Josep, uno de los establecimientos más antiguos de Ibiza y un lugar que ha sido punto de encuentro para generaciones de vecinos. Nacido en el siglo XIX como almacén, tienda y taberna donde se comerciaba con productos del campo, el local ha sabido adaptarse al paso del tiempo sin perder el carácter que lo ha convertido en una institución.
Al frente del negocio se encuentra desde hace un par de temporadas Angelita Expósito, decidida a conservar ese espíritu de bar de toda la vida mientras impulsa nuevas iniciativas que mantengan vivo el establecimiento. «Lo que queremos es hacer pueblo, que es lo que la gente busca», resume.
Esa filosofía se traduce en una programación musical estable que ha devuelto la actividad cultural a la plaza de Sant Josep. Cada viernes, la terraza acoge conciertos de grupos de rock, tanto de Ibiza como de fuera de la isla, mientras que los domingos el protagonismo es para el flamenco. Una propuesta que ha revitalizado el local sin alterar su identidad.
Desde el siglo XIX
La historia del Bernat Vinya comienza mucho antes de convertirse en el café que hoy conocen vecinos y visitantes. Diversas fuentes históricas sitúan su origen a mediados del siglo XIX, cuando funcionaba como un establecimiento donde «se vendía de todo». Era almacén, colmado y taberna al mismo tiempo, abasteciendo a la población con productos de primera necesidad y sirviendo también como lugar de encuentro.
«El fundador era de la familia Bernat Vinya, un tío de Joan y Bernardo, a quienes acabó dejando el local en herencia», explica Juanito Ribas ‘Curt’, que forma parte de la historia del establecimiento como empleado desde hace cuatro décadas.
Joan y Bernat regentaron el negocio durante décadas y contribuyeron a consolidarlo como uno de los principales centros de la vida social de Sant Josep. Entre sus empleados estuvieron nombres muy conocidos en el municipio, como Toni Graner y Pep Rafal, quien, según recuerdan Angelita y Juanito, «trabajó en el bar desde niño y, como Joan y Bernat tampoco tuvieron hijos, acabó heredando el negocio».
La figura de Pep Rafal quedó estrechamente ligada al Bernat Vinya durante varias décadas, hasta el punto de convertirse en la imagen del establecimiento para varias generaciones de josepins. Tras su etapa al frente del negocio, dos antiguas empleadas asumieron la gestión antes de que Angelita Expósito se hiciera cargo del histórico local.
Cambios de la sociedad
Pocas personas conocen tan bien la evolución del Bernat Vinya como Juanito ‘Curt’, que lleva trabajando allí cerca de cuarenta años. Su memoria permite recorrer la transformación de las costumbres de los clientes.
«Antes se pedía mucho moscatel, anís, quina, palo, zarzaparrilla, jarabes y, sobre todo, coñac. Había cajas y cajas de marcas distintas como Terry, Veterano o Fundador», recuerda.
Hoy la demanda ha cambiado. «Ahora se venden más chupitos, granizados, batidos o cerveza», señala Angelita, aunque deja claro que algunas tradiciones permanecen inalterables. «Seguimos preparando el suisser como se hacía antes».
La propietaria reivindica precisamente esa manera de entender la hostelería. «Aquí seguimos haciendo las cosas a la manera de siempre. Hay que mantener la esencia y dejarse de tanta chorrada como se está llenando la isla», afirma sin rodeos.
«Más pueblo»
Ese concepto de «hacer pueblo» también se refleja en la política de precios y en una cocina pensada para todos los públicos.
«Una caña vale dos euros y tenemos una carta que cualquiera se puede permitir», explica Expósito.
Le cuesta destacar un plato por encima del resto. «Cada cliente tiene su favorito. Tenemos pescado, carne... y todos los domingos seguimos haciendo churros con chocolate».
La clientela también mantiene ese equilibrio entre tradición y renovación. Siguen acudiendo muchos vecinos de Sant Josep y buena parte de la clientela de toda la vida, pero también residentes extranjeros y turistas que descubren el establecimiento y acostumbran a regresar.
«Les gusta mucho sentarse en la terraza», comenta Angelita. La propietaria añade que, según la tradición oral transmitida entre generaciones, ese espacio habría ocupado antiguamente el viejo cementerio del pueblo, un extremo que forma parte de la memoria popular local, aunque no ha podido ser documentado históricamente.
Reconocer el paso del tiempo
Entre quienes mejor representan la fidelidad al Bernat Vinya se encuentran Antònia y Jaume, dos clientes habituales cuya relación con el establecimiento se remonta varias décadas.
Antònia conoce el local desde dentro. «Hice la limpieza durante muchos años, en la etapa de Pep Rafal y Toni Graner», recuerda.
Jaume, por su parte, destaca el valor patrimonial del establecimiento. «Este es uno de los bares más antiguos que hay y sigue manteniendo el mismo diseño que ha tenido siempre», afirma con orgullo.
No es una apreciación exagerada. El Bernat Vinya conserva buena parte de la distribución tradicional que lo ha caracterizado durante generaciones, un rasgo que ha permitido preservar el ambiente de los antiguos cafés de pueblo, donde las conversaciones, las partidas de cartas y las reuniones vecinales formaban parte del día a día.
A lo largo de más de siglo y medio, el establecimiento ha sobrevivido a cambios económicos, sociales y turísticos que han transformado profundamente Ibiza. Lo ha hecho manteniendo una personalidad propia que le valió, en 2010, el reconocimiento del Ayuntamiento de Sant Josep con la Medalla al Mérito por su contribución a la vida social del municipio.
Hoy, mientras los acordes de un concierto llenan la terraza un viernes de verano o los vecinos comparten un café bajo la sombra de los árboles, Bernat Vinya sigue cumpliendo la misma función que desempeñaba hace generaciones: ser un lugar donde el pueblo se encuentra consigo mismo.