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Un domingo... ¿cualquiera?

Medio centenar de personas trabajan cada fin de semana como voluntarios de Cruz Roja en Eivissa

Sábado a mediodía. Julián Àlvarez termina de desempeñar su profesión como repartidor e inicia otro trabajo. Una labor que, al contrario que el empleo que le da de comer, realiza de forma voluntaria y sin ningún tipo de contraprestación excepto, según sus palabras, «el saber que ayudas a los demás». Apenas unas horas para comer, darse una ducha rápida e iniciar el servicio. Le esperan 36 horas de guardia en Cruz Roja con la esperanza de que el sábado y el domingo transcurran sin más novedad que los resultados de la liga de fútbol y baloncesto.

No obstante, el fin de semana ha comenzado mucho antes. Cada jueves, se decide el equipo que permanecerá alerta y cubrirá los actos que, por riguroso orden de solicitud, se hayan previsto. En ocasiones hay que decir a muchos que no pero, tal y como recalca el responsable, «resulta imposible perfilar de manera distinta los cuadrantes dados los medios con los que contamos».

Cerca de 50 personas forman un conjunto perfectamente integrado que Àlvarez define como «una gran familia». Medio centenar de colaboradores que renuncian a su tiempo libre para que todo transcurra con normalidad aparente y que ha de hacer frente a eventos deportivos, actividades habituales de carácter médico, accidentes o teleasistencia. Sólo en este último apartado existen 45 abonados que los fines de semana incrementan las solicitudes que realizan a la institución con una atención tan directa que llega incluso al recordatorio de la medicación de cada cliente en momentos puntuales.

Los momentos más duros se presentan como avisos de algún siniestro en el centro de transmisiones, en la propia sede de la Avenida de España: «Procuramos, hasta encontrarnos en el lugar del suceso, obviar el asunto contando anécdotas en el interior de la ambulancia. Resultaría inútil hacernos hipótesis sin saber demasiados datos. Una vez allí, nuestra misión es salvar vidas», comenta con naturalidad el coordinador de personal. Sentimientos altruistas, coraje y constancia son las características en común de un colectivo cuya edad oscila entre los 17 y los 50 años y de sectores sociales diversos. Sólo hay un miembro que se aleja de las conversaciones: el perro de rescate. Y, pese a ello, es el primero en vencer al sueño o en hacer frente a algún contratiempo. Tal vez la próxima ocasión que presenciemos un encuentro nos fijemos en algo más que el balón y los jugadores y pensemos en quién hace posible que gradas y terreno, estén tranquilas. l N.I. Fotos: Vicenç Fenollosa.

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