Pues claro que sí, y además disfrutan viendo los movimientos de balón de sus pequeños futbolistas que cada fin de semana practican Fútbol 7 en numerosos terrenos de juego de las Pitiüses. Can Cantó es un ejemplo de ajetreo y movimiento de madres a lo largo del sábado y el domingo que acuden a los partidos para animar a sus chicos. Nieves, Tere y Antonia son algunas de las mamás de jugadores del Isleño B Benjamín que cada fin de semana van al campo para ver fútbol. «La otra vez perdieron, ¡Venga chicos, vamos!», comenta Nieves, del Isleño B Benjamín, sin sacar ojo del terreno de juego mientras comenta su afición al fútbol. «Vengo desde que mi hijo empezó a jugar. Pasas muchos nervios y gritas. Creo que nosotras somos las más chillonas, que se nos oye más que a ellos», bromea.
«Son niños, no nos importa que pierdan, pero siempre te gusta que ganen los tuyos, es más gratificante», explica Tere, otra de las animadoras del equipo, que confiesa no perderse ningún entrenamiento. Como muchos padres trabajan el sábado, este día son mayoría las mujeres en el campo. «Estamos pendientes en todo momento y sabemos que así motivamos a todo el equipo», dice Tere, para quien este tipo de encuentros deportivos son mucho más sanos que los que se pueden ver a través de la televisión. «También nos metemos con el árbitro», confiesa, quien al igual que sus compañeras admite que los partidos son una forma de reunión en las que se desahogan. «¡Venga, meter un gol ya! Hoy están jugando un poco flojos», detalla Tere.
Antonia es otra de las mamás de los benjamines isleños: «Hace cuatro meses que vengo y me encanta. Cuando marcan un gol me emociono más que ellos», explica. Cerca de este grupo de mujeres se encuentra Paco, uno de los padres del equipo contrincante. Su hijo es el delantero de la Peña Independiente. «Cuando juega mi hijo me emociono más, por eso siempre que puedo vengo a verlo», comenta este seguidor al que los partidos se le hacen cortos.
Los alevines B del Isleño también cuentan con una amplia legión de seguidoras entre las que se encuentra María, una abuela: «No sé mucho de fútbol pero me gusta venir a ver a mi nieto», explica en el momento en que los suyos marcan gol. «Están jugando muy justos, la gripe está haciendo estragos en todas las plantillas y no hay reservas», explica María, una mamá. «Empecé a venir desde que el niño juega en el equipo, antes pasaba. Para mí es un entretenimiento que al mismo tiempo sirve para conectar con otros padres».
Nieves, Pepi y Mercedes son otras de las forofas de los alevines del Isleño B que no se pierden ningún encuentro: «Me gusta el fútbol de los chicos, no el de la tele», explica Nieves. «¡Venga chicos! ¡No os empujeis! Se pasa mal cuando se caen y hacen daño o cuando pierden por goleada, pero en general son muy nobles ¡Casi de cabeza!», explica Mercedes, que comparte banquillo con un grupo de padres que acuden a pasar un buen rato: «Si no los animas se desaniman», argumenta uno de los padres que recuerda su niñez en cada encuentro.