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Despedida marinera

Diferentes localidades de las Pitiüses clausuraron ayer las fiestas de la Virgen del Carmen

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El día de ayer cerró definitivamente las celebraciones que se han desarrollado en las Pitiüses en honor a la Virgen del Carmen. En esta última ocasión, Sant Antoni, es Cubells y Formentera fueron los escenarios en los que la tradición y el fervor religioso cobraron vida a lo largo de toda la jornada dominical. En es Cubells amanecieron con los preparativos para la misa solemne que dio comienzo a las 10'00 horas. En esta pequeña localidad que se asoma de manera irreverente al mar de Eivissa, estas fiestas tienen un toque muy especial. La procesión, que porta una pequeña imagen de la Virgen tallada en madera, tiene que descender por una larga pendiente montañosa hasta alcanzar el muelle donde la embarcación pesquera 'José Antonia' les espera.

Junto a los vecinos del pueblo, una agrupación de las monjas Carmelitas Misioneras acompañan a la comitiva. La hermana Loaida es la encargada de llevar las flores que posteriormente servirán de ofrenda a los marineros muertos en el mar. Cada año estas religiosas venidas de la India, Chile o Argentina, pasan el mes de julio en es Cubells. «Venimos para hacer un curso del Carisma de la Congregación porque este es el lugar de nuestro padre fundador, Francisco Palau», explicó la hermana Loaida. Pese al largo y complicado camino nadie dio marcha atrás, gente de todas las edades hizo un camino ya conocido por todos bajo un sol de justicia. Una veintena de barcos pesqueros rodearon a la embarcación que cargaba la imagen cuando esta se detuvo en alta mar. Fue entonces cuando se arrojaron las flores y se pudo oir la salve marinera. Los cantos continuaron hasta que la embarcación que iba a la cabeza volvió a tierra.

En Sant Antoni los actos organizados eran los mismos, pero en una localidad mayor el número de asistentes fue mucho más numerosa. Tanto, que a la hora de embarcar muchas personas tuvieron que quedarse en tierra. La misa se llevó a cabo en la iglesia parroquial y una vez finalizó dio comienzo la esperada procesión. De nuevo las ofrendas, la música y la pasión por unos días que para muchos son los más esperados del año. En la villa de Portmany la procesión estuvo acompañada de baile a cargo de sa colla Can Bonet y también de la actuación de la Banda de Tambores y Cornetas de Cruz Roja juventud. Tras la última procesión del día los festejos de este año pasaron a la memoria colectiva. Pero muchos serán los que dentro de poco empiecen a pensar en las próximas fiestas.

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