Joan Escandell Planells, Joan ‘Barda’, abrió el restaurante 2000 en una playa de Benirràs muy distinta a la actual. Corría 1979 y, tal como recuerda, «entonces no había ni electricidad ni teléfono, ni siquiera había carretera». El acceso era complicado y el entorno, prácticamente virgen. «La playa era de còdols y solo había un chiringuito a pie de playa, el de ‘Josepet’», rememora.
Recuerdos
«Durante esos años yo me pasaba los veranos pescando y, al terminar la jornada, me gustaba venir a Benirràs», explica. Aquel pequeño quiosco apenas servía bocadillos y algunas bebidas a las pocas embarcaciones y visitantes que recalaban en la zona. «Eran los hippies de esos tiempos, que en realidad eran gente con dinero», apunta. La falta de electricidad marcaba incluso los detalles más cotidianos: «Tenían los refrescos apilados detrás del quiosco; ya os podéis imaginar la temperatura a la que estaban», añade entre risas.
Transformación
La transformación de la playa fue progresiva, pero tuvo momentos clave. Escandell recuerda especialmente una iniciativa impulsada junto a ‘Josepet’: «Contratamos una máquina machacadora que trituró los còdols y echamos el material al agua para que el mar lo devolviera pulido, como ha aguantado hasta hoy». Años después, coincidiendo con la aportación de arena en la Cala de Sant Vicent, también se intervino en Benirràs, aunque con menor éxito: «La arena era más fina y el mar y el viento se la llevaron».
Estos cambios coincidieron con mejoras fundamentales en infraestructuras: la construcción de la carretera, la llegada de la electricidad —«que pagó el propietario de los terrenos»— y la instalación de la línea telefónica, asumida por el propio Escandell. «A partir de ese momento la cosa fue aumentando y aumentando», resume.
«Quería llamarlo restaurante Benirràs, pero ya existía uno en Vila. En ese momento se me ocurrió ‘2000’»
Sin embargo, el origen del restaurante 2000 se sitúa a muchos kilómetros de Sant Miquel. Concretamente en Val-d’Isère, en Francia, donde Joan trabajó durante años en invierno en el Hotel de Bruselas, a pie de estación de esquí, adquiriendo experiencia en hostelería. «Allí fui aprendiendo el oficio», señala. Fue también allí donde surgió la oportunidad que cambiaría su vida: «El propietario, Juan Sánchez Moreno, compró unos terrenos en Benirràs e hicimos un trato».
Acuerdo
El acuerdo era singular: Escandell alquilaría el terreno por un precio simbólico —100 pesetas al año— a cambio de asumir íntegramente la construcción del restaurante. En principio, el contrato tenía una duración de diez años, pero acabó prolongándose. Con el tiempo, Joan levantó un segundo restaurante para la propiedad, diseñado por el arquitecto Raimon Torres —el actual Elements— y, mediante una permuta, consiguió finalmente la titularidad del suyo propio.
El nombre también tiene su historia: «Quería llamarlo restaurante Benirràs, pero ya existía uno en Vila y no me dejaron registrarlo. En ese mismo momento se me ocurrió ‘Restaurante 2000’ y así se quedó».
En sus inicios, la propuesta gastronómica estaba directamente vinculada al mar. «La base era el pescado que yo mismo pescaba cada mañana antes de abrir», explica. Ese producto fresco marcaba una carta centrada en recetas tradicionales: bullit de peix, guisados, arroz a la marinera… «Prácticamente todo giraba en torno al pescado».
La relación con el cliente era directa y casi inmediata: «Los de los yates me veían llegar con la barca y, mientras arreglaba las redes en la orilla, ya me encargaban qué ejemplar de pescado querían para comer». Hoy, admite, la carta ha tenido que ampliarse para adaptarse a la demanda: «Hemos incorporado muchas más cosas, incluso pizzas, algo impensable entonces ,pero hay que adaptarse a los tiempos».
El perfil de cliente también ha evolucionado notablemente. «Al principio venían sobre todo embarcaciones que se quedaban fondeadas unos quince días», recuerda. Durante ese tiempo, los clientes hacían vida prácticamente en el restaurante: «Comían y cenaban aquí cada día y, cuando se marchaban, pagaban la cuenta antes de despedirse hasta el año siguiente».
A ese público se sumaba también una clientela local, «mucha gente ibicenca», que frecuentaba la zona cuando aún no estaba masificada.
Fidelidad
Durante los primeros años el restaurante y la playa atrajo a clientes conocidos que valoraban la discreción del lugar. «Recuerdo con especial cariño a Matías Prats, Carlos Sáinz o algún futbolista», comenta. «Venían con sus hijos pequeños, que jugaban con los míos, y ahora, ya de mayores, siguen viniendo».
El vínculo iba más allá de lo profesional: «Sabían que aquí podían estar tranquilos, lejos de cámaras y periodistas». Escandell cuidaba personalmente esos detalles: «Incluso les preparaba desayunos, yendo a primera hora a buscar las mejores ensaimadas de la isla».
Esa relación cercana contrasta con la actualidad. «Ahora es de otra manera, todo se hace distinto», afirma con cierta nostalgia. La rotación de clientes, el volumen de visitantes y la dinámica turística han transformado la experiencia tanto para el restaurador como para el visitante.
El carácter hippie de Benirràs también ha seguido su propia evolución. «Todo empezó con algunas fiestas puntuales, como la boda de Nina Hagen», recuerda. Con el tiempo, las celebraciones derivaron en el fenómeno de los tambores, que hoy se ha convertido en uno de los principales reclamos turísticos. «Hubo momentos en que se descontroló, pero ahora está más regulado», reconoce. Aun así, «la mayoría de los turistas que vienen a Ibiza pasan por aquí para verlo».
Familia
Si hay un elemento que ha permanecido constante es el carácter familiar del restaurante. «Muchos trabajadores han estado con nosotros toda la vida, hasta jubilarse», destaca con orgullo. Ese espíritu continúa hoy con la nueva generación: «Mi nieto Paco está en la cocina y mi hija Laura está al frente del negocio».
Junto a ellos, siguen formando parte del equipo personas clave como Melinda, encargada, o Chiqui, que también se retirará en la casa. Una continuidad que explica, en parte, la identidad de un establecimiento que ha crecido al mismo ritmo que Benirràs.