Las vacaciones no tienen cabida para el aburrimiento, al menos para el grupo de niños y niñas de entre 6 y 12 años que participan en los talleres de pintura y escultura organizados por el Ayuntamiento de Sant Antoni. Dirigidos por Pablo García Albizuri el de escultura, y el de pintura por Loli Hidalgo, las dos actividades llevan un mes funcionando con mucho éxito. Todos los lunes, miércoles y viernes Sa Cooperativa, que se ha convertido en una sede creativa donde ya se pueden admirar las primeras creaciones, es un hervidero de creatividad.
A pesar de que el taller de escultura es menos numeroso, alrededor de media docena de niños, las creaciones rezuman originalidad. Los pequeños han aprendido enseguida las técnicas utilizadas por Albizuri a la hora de crear figuras con alambres de acero, cartón y papel reciclado, plásticos y cinta de pintor. «Lo que más nos gusta es pintar las figuras y hacer nuestros propios colores», afirmó María, una de las participantes. Por el contrario, tal y como dijeron José Antonio y Antonio, otros de los alumnos, hacer la estructura de las figuras es lo más complicado de una tarea que les encanta y con la que ya han hecho numerosos objetos de decoración para sus casas. «Lo que más les gusta es la experimentación con el color», señaló Albizuri, que comentó que disfruta mucho impartiendo el taller.
Loli Hidalgo, por su parte, se encarga de impartir las clases de pintura a 16 niños y niñas que ya han llenado de color las blancas paredes de Sa Cooperativa. Noé, Ramón, Rubén y María son algunos de los cursillistas que dedican sus vacaciones a aprender las técnicas de témpera y acuarela.
«Lo que hago, además de darles temas libres, es que dibujen algunos paisajes o animales para que luego ellos hagan su propia versión de los mismos a través del tratamiento del color o la perspectiva», explicó Hidalgo, que se ha visto desbordada por la gran aceptación que ha tenido su taller. Lo que más les cuesta a los chavales es ser pacientes y saber esperar a la hora de perfeccionar los dibujos. «Son muy impacientes, enseguida quieren acabarlo todo, pero el aprender a saber esperar les ayuda a relajarse», explica la profesora.