No te olvides de tu nombre; bueno, haz lo que puedas. En la reciente película «El último tren» vemos como el amigo Dante aparece con una memoria deteriorada hasta que llega un momento en que pasa al otro lado, a la desconexión, al olvido. El Caballito de Mar ya no llega al lugar adecuado. Memoria es la capacidad mental que posibilita a un sujeto registrar, conservar y evocar las experiencias (ideas, imágenes, acontecimientos, sentimientos, etc).
El Diccionario de la Real Academia Española la define como «Potencia del alma, por medio de la cual se retiene y recuerda el pasado». La memoria siempre se da en el presente y hay que considerarla, para curarnos en salud, como una visión manipulada del pasado. Ni en el caso más importante y lúcido conviene comprometernos demasiado con nuestra memoria, es mucho mejor saber que el recuerdo del pasado está condicionado por el ahora, relativizar.
Entonces ¿podemos entender nuestra vida? Pues claro, se trata de algo totalmente diferente. Es necesario hacer un juego reflexionado de las memorias que surgen, y la única indicación válida será constatar actitudes que corresponden al patrón de nuestro carácter no tanto a la fidelidad con lo sucedido. Gracias a eso entenderemos nuestra vida y podemos esclarecer un sentido. No se trata tanto de lo que pasó como de cómo lo vivimos, y más que esto, que patrón se repetía en esa anécdota.
Así nos entendemos y entendemos nuestra vida. Nuestra memoria siempre es selectiva, es condición humana. También nos sirve básicamente para entender nuestra vida y en lo cotidiano para movernos con eficacia y facilidad en las diferentes parcelas del mundo cotidiano. El Caballito de Mar tiene un juego o movimiento que nos recuerda las pesquisas de la memoria. El Caballito tiene un movimiento en vertical; es como si bajara a buscar algo para llevarlo a continuación arriba: la memoria emergente.
Frederic Suau