Hace diez años que la palabra Discobús forma parte del vocabulario y la jerga de todos los ibicencos, principalmente de los que trabajan en el sector turístico y de transporte de pasajeros. El servicio nocturno de autobuses que une Sant Antoni, Santa Eulària, Port des Torrent, Platja d'en Bossa, Cap Martinet y es Canar con Eivissa y viceversa cumple estos días 10 años con un curriculum lleno de muchos trayectos y paradas en la noche. Diez temporadas después, este servicio que opera de lunes a domingo desde las 24,00 hasta las 07,00 horas se ha convertido en un atractivo para miles de turistas que quieren desplazarse hasta las fiestas más conocidas de las discotecas. En 2002 este servicio, que opera cada noche con siete autobuses fijos, siete conductores y siete guías trasladó a 200.000 personas y este verano aspira a igualar la cifra.
«Con la celebración del décimo cumpleaños hemos decidido conservar el precio del billete, de 1,50 euros por trayecto y editar nuevos folletos informativos», explica Alfonso Ribas, responsable de Discobús, la Unión Temporal que aglutina a las empresas Voramar el Gaucho, Herederos de Francisco Vilás y Autobuses Antonio, que cubren las líneas anteriormente citadas. La flota habitual de Discobús está formada por siete autobuses con sus respectivos conductores y guías, el entramado humano de la marea de noctámbulos que nada en la Eivissa nocturna.
César Matarozzo y Javier Zolezzi, de origen argentino, son dos de los guías que trabajan acompañando a los conductores cada noche. «Llevamos tres años trabajando en el Discobús y nuestro cometido es informar a los pasajeros de las fiestas que hay, la parada en la que se tienen que bajar, los horarios del servicio y, lo más importante, controlar que no se desmadren en el autobús», explica Javier que, junto a su compañero, ha visto cómo se ha incrementado el número de usuarios de este servicio. «Suele venir gente joven muy alborotada y nosotros tenemos que decirles que se sienten y se comporten durante el trayecto», añade César que ha vivido todo tipo de anécdotas. «Alguna vez me han preguntado si el autobús iba a Formentera», dice Javier, «y también fue divertida la noche en que se subieron dos monjas de verdad y la gente, que se pensaba que iban disfrazadas, las animaba a bailar», agrega César.E.Estévez