Un antiguo vecino de la localidad, Juanito Planes, se convirtió sin esperarlo en uno de los protagonistas del día grande de la localidad de Jesús. Él fue, a petición de la comisión de fiestas, el encargado de hacer funcionar a la antigua usanza la sínia recién restaurada que se puede ver en la Plaça Pública de s'Hort de Jesús. Durante toda la mañana, mientras en el interior de la parroquia se celebraba la misa o bailaba Sa Colla de l'Horta, él vigilaba cómo su mula giraba sin cesar y hacía funcionar ese viejo sistema utilizado para extraer agua de los pozos. Alrededor de Juanito Planes, quien fue vecino de Jesús durante 25 años, aunque asegura que no llegó a ver nunca la noria en marcha, se concentraban multitud de curiosos, en especial mayores que explicaban a los jóvenes una tradición bien conocida por ellos. La de ayer fue una oportunidad única; hoy el trabajo de la mula ya ha sido sustituido por el de un moderno motor.
Ni vecinos ni turistas quisieron perderse los actos que conmemoran el nacimiento de la Mare de Déu. La sencilla parroquia del siglo XVI acogió la celebración de varias misas. El oficio solemne celebrado a mediodía fue el más frecuentado y no faltaron a la cita los representantes políticos. El presidente del Consell Insular, Pere Palau, y el alcalde de Santa Eulària, Vicent Guasch, abrieron la comitiva acompañando al portador del estandarte; detrás, la directora insular de la Administración General del Estado, Marienna Sánchez-Jáuregui, la corporación municipal del Ayuntamiento de Santa Eulària o el concejal de Policía de Sant Antoni, Joan Pantaleoni, entre otros. Al término de la procesión, Sa Colla de l'Horta realizó una exhibición de baile y todos degustaron las sabrosas orelletes acompañadas de vino. El presidente de la comisión de fiestas, Joaquín López, se mostraba satisfecho de unas fiestas sólo deslucidas por la lluvia. «Que el cielo nos respete», pedía ayer pensando en actuaciones como la de la Companyia Paco Atrium o en los fuegos artificiales.S.Y.
Unas sesenta personas asistieron a la celebración de la misa que tradicionalmente incluye la ofrenda frutal a la Mare de Déu. A las 19'00 horas dio comienzo un oficio en el que el párroco recordó a los asistentes que este acto se lleva a cabo con la intención de «compartir con nuestros hermanos necesitados».
Los fieles que acudieron a la cita dejaron a los pies del altar cajas y bonitos cistellons repletos de las más variadas frutas y legumbres. Sandías, melones, manzanas, uvas, patatas e incluso melocotones en almíbar y orelletes fueron ofrecidos. Mayores y niños de la localidad participaron en una tradición que tiene en cuenta a los demás, en este caso concreto a los mayores de la residencia Reina Sofía, que son quienes reciben la totalidad de la ofrenda.
Antes de ser entregados todos los alimentos fueron bendecidos por el párroco, quien a continuación continuó con el oficio no sin antes recordar a todos los asistentes que pueden recoger sus cestos en la parroquia. «Que no pase como siempre, que todavía tenemos los de los años anteriores», dijo en un suave tono de reprimenda.