De entrada, no me parece mal la idea de descentralizar los actos de las Festes de la Terra que organiza el Consell. Y me parecería aún mejor si el Ayuntamiento de Eivissa fuera del mismo color que dicha institución. Porque dados los precedentes, alguno podría sospechar que la idea oculta estrategia política.
En cuanto al acto en sí, hubo ciertas estrecheces de espacio que dificultaron el lucimiento del evento, gran parte del cual se desarrolló en el atrio de la iglesia de Sant Miquel. Según me contó algún pajarito, parece ser que el problema vino porque en lugar de los 30 músicos previstos en la Banda Ciutat d'Eivissa, acudieron 80, con lo que el director de la agrupación, Manuel Ramon Mas, casi se sienta para hacer su función en el regazo de Pere Palau. Menos mal que una brisa agradable se levantó a tiempo para evitar el efecto sauna.
La ceremonia resultó amena, en cuanto a dosificación de música y letra, digamos, con algún despiste que otro de escasa importancia. Por ejemplo, el del alcalde de Sant Joan, Antoni Marí, que no debe frecuentar mucho la obra de Villangómez, pues cambió el título de su libro «L'any en estampe» por «S'any de ses estampes».
Quizás la parte más pesada resultó la entrega de los Premis Tanit; y es que diez premios me parecen muchos premios a la vez; toda una inflación, que puede llevar a devaluarlos mucho en cuestión de poco tiempo. El aplauso mayor, y más que merecido, se lo llevó el premio póstumo a la querida y tan recordada Cristina Cardona. Emotiva la entereza de los padres al recibirlo, como emotiva resultó la voz de la soprano Lucía Herranz como solista del «Sense tu», que los coros interpretaron en recuerdo a la malograda y gran bailarina ibicenca, mientras Eva Redondo, sobre el tejado del atrio, bailaba en su memoria. Fue lo más sobresaliente, sentido y hermoso de la noche; y a muchos se nos saltaron las lágrimas de emoción.
En cuanto a la inauguración del monumento a Villangómez, tuvo muchas manos para levantar la bandera que lo ocultaba. Un cierto desconcierto por falta física de espacio para tanto protagonista; y una sensación íntima de extrañeza pensando en el amigo más que en el poeta oficial de la isla. Una carga, aunque sea póstuma, acaso algo excesiva para una persona tan discreta y ajena a la pompa y circunstancia como él; pero los muertos son muy obedientes con el papel que le otorgan los que luego les aplauden tanto.
Que se me olvidaba, entre lo que me gustó, destacaría también el agradecimiento que Concha García Campoy ofreció en nombre de todos los Premios Tanit. En un buen catalán, sin leer y con esa gracia y hermosura que tiene esta gran profesional. Ole por ella. Ah, y un tirón de orejas a la Duquesa de Alba. Feo lo de no asistir (era su santo, vaya por Dios), y más feo que le hagan un acto solo para ella el día 26 en el Consell. Ay, señor, lo que les impresiona a algunos el peso de tanto título y oropel.