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Las Pitiüses bajo una tromba de agua

150 litros por metro cuadrado anegaron numerosas zonas de la isla y causaron diversos problemas

B.ROSELLÓ / J.M.ALONSO /G. ROMANÍ
Las primeras lluvias fuertes que marcan el fin del verano causaron en la isla los problemas de todos los años: calles y fincas inundadas, olor fecal en Eivissa, desprendimientos de tierra en las carreteras, accidentes de tráfico, derrumbe de muros, arboles caídos y retrasos en los vuelos. Nada nuevo que no ocurra todos los meses de septiembre y octubre. Una de las bombas de achique de la depuradora de Botafoc, informó ayer Aqualia, dejó de funcionar ayer por la mañana cuando más falta hacía e hizo saltar las alcantarillas de ses Feixes de Talamanca, lo que ayudó a inundar las fincas de la zona.

Las intensas lluvias caídas de madrugada dejaron 154 litros por metro cuadrado en el aeropuerto de Eivissa, lo que provocó retrasos en ocho vuelos de llegada, con un media de demora de cuatro horas, después de que los aviones afectados fueran desviados al aeropuerto de Palma.

El momento de mayor intensidad del aguacero, informó Aena, se registró en torno a las 6.30 horas, cuando en 20 minutos se recogieron 25,3 litros por metro cuadrado en el aeropuerto. Las precipitaciones causaron problemas en la llegada de ocho vuelos entre las 2.00 y las 7.00 horas, los cuales fueron desviados provisionalmente a Mallorca, para posteriormente desplazarse desde Palma hasta Eivissa, una vez amainada la tormenta.

Las tormentas afectaron a toda la isla. En Sant Joan se recogieron 112 litros por metro cuadrado, la mayoría en la madrugada. Las lluvias también dejaron 91 litros en Sant Antoni, 71,7 en Sant Vicent de sa Cala y 65,5 en la zona de Santa Gertrudis.

Además, entre las 6.40 y las 11.00 horas, los bomberos recibieron 38 llamadas de auxilio relacionadas con calles inundadas, muros caídos y coches atrapados por las aguas desbordadas de torrentes cercanos, aunque ninguno de estos incidentes provocó contratiempos de relevancia.

Los bomberos realizaron 14 intervenciones, entre ellas acudir a cortar los hierros de un vehículo accidentado para rescatar a sus dos ocupantes, ambos heridos leves, en la carretera que enlaza Sant Antoni e Eivissa.

La tormenta eléctrica que acompañó a las fuertes lluvias descargó 134 rayos, casi todos sobre el mar, ya que en tierra tan sólo cayeron cinco o seis, según el Instituto Nacional de Meteorología en Balears.

En la Pitiusa menor, los cerca 150 litros caídos en poco más de doce horas provocaron cuantiosos destrozos en caminos, calles y viviendas, especialmente en es Pujols, y dificultó la circulación hasta el punto que la carretera que va de Sant Ferran a es Pujols se convirtió en el tramo inmediatamente anterior a este último núcleo urbano en un río de más de un metro de altura que obligó a cortar el tráfico de dicha carretera durante más de una hora.

En diversos puntos del litoral formenterense los acantilados presentaban una imagen absolutamente inusual, como en el que va desde Cala en Baster hacia Punta Prima, donde brotaron inmensas cascadas que se desplomaban desde más de 50 metros de altura hacia el mar. Formentera sufrió muchos destrozos. Varios muros cayeron deshechos por la lluvia y numerosos caminos se quedaron intransitables por la tormenta.

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