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Eivissa, escuela de circo

Brian Scruggs traslada sus conocimientos a más de treinta niños de Sant Miquel

Los ejercicios sobre pelotas o aquellos que combinan los equilibrios con otros elementos como los aros son alguno de los ensayos.

Acrobacias, equilibrios, música, luces y color envuelven con magia el gimnasio del colegio Sant Miquel, en el municipio de Sant Joan, cada lunes. En él más de 30 niños, algunos de ellos de tan sólo 6 años, se adentran en las técnicas y la práctica de un arte ancestral: el circo. Se trata de un proyecto fruto del esfuerzo de Brian Scruggs, un norteamericano que empezó hace 15 años en el arte circense trabajando como payaso para una compañía francesa en Suiza. Posteriormente, estuvo un año y medio en otro circo de Sicilia, y más tarde fue recorriendo el mundo trabajando para varias compañías hasta que su destino le trajo hasta Eivissa. En la isla comenzó como artista de calle haciendo de payaso y colaborador en el espectáculo de la fiesta Manumission.

«Desde la primera vez que vine me enamoré de este lugar y empecé a venir cada vez más amenudo alejándome de la familia del circo», explica Brian. No obstante, es ahora cuando este artista ha recuperado la ilusión por este arte creando un mini mundo que cobra vida cada lunes por la tarde gracias a sus protagonistas, los niños, porque sólo ellos le pueden aportar la verdadera magia, ilusión y originalidad al espectáculo.

«Quiero hacer un circo de niños donde sean ellos mismos los que hagan realidad sus ideas, porque en las clases son ellos los que me dicen lo que quieren hacer y cómo lo quieren hacer», explicó Brian mirando a dos alumnas con patines que realizaban una coreografía para su propio número.

Éste es el primer año que se realiza una actividad extraescolar de este tipo incluida dentro de la programación del Ayuntamiento de Sant Joan, pero en la que participan niños de todos los municipios y nacionalidades. Colocados en círculo, comienzan la clase realizando ejercicios de calentamiento y, posteriormente, se dividen en grupos de 3 o 4 niños por las diferentes artes, entre ellas el monociclo, los zancos y variados equilibrios sobre grandes pelotas o tablas.

Sin embargo, lo que causa más furor son las telas, por las que los más intrépidos trepan y realizan figuras en el aire. Valeria Bianchi es la encargada de dirigir esta actividad que, según cuenta, «requiere de fuerza, creatividad, elasticidad y coordinación», un nuevo reto que les aporta confianza y motivación. Esta argentina lleva toda una vida realizando shows acrobáticos y ve en este proyecto «un mundo de ilusión y una sonrisa constante, porque el circo es como un niño y te hace sentir bien».

Irene Luján

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