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El difícil día a día de un celíaco

Los intolerantes al gluten de Eivissa se reunen mañana en la piscina de Can Misses para reivindicarse

El trigo, el centeno, la cebada y la avena son cuatro cereales que componen la dieta habitual de cualquier persona, excepto la de los celíacos, cuya intolerancia a estos alimentos condiciona en gran medida sus hábitos cotidianos. Si a esto le añadimos la prácticamente inexistencia de información sobre el tema y la carencia de alimentos sustitutivos en Eivissa queda patente que los afectados se encuentran ante un grave problema.

«Comer bien es nuestra única cura, pero para ello tenemos que comprar en herboristerias alimentos que son muy caros y, por lo general, caducan muy rápido. Por ejemplo, un paquete de fideos cuesta casi 5 euros y por eso pensamos que la Seguridad Social debería ayudarnos», explicó Pepa Tur, afectada y madre de Miquel, de cinco años, que también padece la enfermedad. Ella es la representante de la Asociación de Celíacos de Balears en Eivissa, donde la cifra de pacientes de esta enfermedad crónica se estima en más de 30 personas y aumenta año tras año. Por su parte, Mari Torres, madre de Neus, una pequeña de ocho años afectada, asegura que en los envoltorios de los alimentos deberían de especificar con qué tipo de almidón están hechos. «Hay veces que te encuentras perdida, porque hay pocos alimentos con el indicativo 'Controlado por la FACE' (Asociación de Federaciones de Celíacos)», precisó y añadió: «Queremos que se haga una delegación para invertir en información que tranquilice a los celíacos y haga cursos de cocina».

Por otra parte, esta patología se enfrenta a la falta de medios para detectarla, algo que si no se trata puede producidas diarreas, vómitos, rechazo a otros alimentos y graves anemias que van menguando las defensas del organismo al quemar las vellosidades del estómago. «Hay personas que sólo tienen pérdida de crecimiento, por eso se hace difícil de detectar», destacó Mari Torres, que tuvo que llevar a su hija durante meses al pediatra, porque a los 6 meses pesaba 6 kilos y al año seguía pesando lo mismo. «No sabían decirme lo que le pasaba, así que decidí pagar un médico privado que le mandó unas pruebas y, posteriormente, tuve que desplazarme a Mallorca para que le hicieran una biopsia, porque aquí no se las hacen a los niños», precisó Mari Torres. En este sentido, son los más pequeños los que encuentran mayores inconvenientes en su vida diaria: «Cuando voy a los cumples no puedo comer las chuches hasta que no le doy el paquete a mi madre», explicó Neus, su hija, acerca de un paquete que en la mayoría de ocasiones tampoco específica su composición. Irene Luján

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