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´Frígoles´, a buen ritmo

El alfarero mantiene a sus 73 años una intensa actividad en su taller de Can Bufí

Toni Marí Ribas, más conocido como 'Frígoles', trabaja en uno de los muchos objetos que hace en una jornada normal.

Cuando tan sólo tenía 11 años de edad, Toni Marí Ribas, más conocido como Toni Frígoles, se introdujo en el mundo de la alfarería gracias a uno de sus vecinos: «Al contrario de lo que mucha gente piensa aprendí esta profesión porque mi vecino tenía un taller de alfarería, Can PlaneTonis, y mi padre, que era taxista, me dijo que fuera a aprender el oficio porque cuando Daifa muriera yo sería el único artesano que se dedicaría a esta labor», cuenta este ibicenco de 73 años. Desde entonces han pasado más de 60 años y afirma que aún sigue aprendiendo cosas de este oficio tan tradicional. Sentado en su torno de pie, con el que se consigue movimiento gracias al impulso ejercido por las piernas, Toni es capaz de hacer un cenicero, dos estilos de macetas, un florero, una botella, una hucha y una vasija en algo más de un cuarto de hora. De sus inicios en la profesión recuerda que no fueron muy complicados, aunque reconoce que es un trabajo de enorme laboriosidad, concentración y mucha precisión: «No me costó aprender porque tenía 11 años y los niños siempre aprenden muy rápido. Sin embargo reconozco que es complicado de hacer, aunque al verme trabajar no lo parezca. Como aquel que dice son más de 60 años de práctica, por eso hago los objetos tan rápido».

¿Cómo es un día de trabajo en el taller de Toni Frígoles? «Me lo tomo como una afición. En invierno vengo unas cinco o seis horas, depende de si hace frío o no. En verano hay días que trabajo más rato, unas diez horas. Y cuando no estoy en el taller voy a pescar o a pasear. Mi mujer me dice que paso más tiempo en el taller que en casa y yo siempre le digo que a casa voy a comer y a dormir», cuenta entre risas. A sus 73 años confiesa que el secreto para mantener la vitalidad que le caracteriza es no parar de hacer cosas: «Estar siempre con la mente ocupada», puntualiza.

Toni asegura que antiguamente las piezas que creaba en barro estaban más enfocadas al uso en las casas o el campo y no tanto en la decoración, como en la actualidad: «Ahora hago más floreros, vasijas, lámparas y huchas de cerdito, por ejemplo. Antes no era así». En su taller trabaja con dos tipos de torno, el que mueve con el impulso de sus piernas y el eléctrico: «La diferencia entre uno y otro es abismal; es como ir andando o en bicicleta». Durante todos sus años de trabajo con el barro nunca se le ha resistido la elaboración de ninguna pieza: «Realmente las más complicadas son las grandes porque tienes que vigilar más que no se descentre el barro. Lo principal para hacer una buena pieza es centrar el barro en el torno e ir subiendo o bajando, dándole la forma que quieras». Para ello, según explica, es importante tener la idea pensada previamente: «Tienes que tener claro lo que quieres hacer, aunque luego sobre el torno vas dando forma a tu idea». ¿Cuánto tiempo piensa seguir dedicándose a este trabajo? «Hasta que el cuerpo aguante», contesta.

María José Real

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