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«Los jueces sólo hablan para sí mismos y para los abogados»

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El juez de Menores de Granada, Emilio Calatayud, conocido por sus sentencias como mínimo peculiares, dio una charla ayer a los estudiantes de 1º, 2º y 3º de ESO del IES Marc Ferrer de Formentera que conocieron una manera muy distinta de lo que es la Justicia cuando un magistrado se la explica de forma clara y permite una accesibilidad a él como persona que nada tiene que ver con lo habitual.

La charla de Calatayud se centra, siempre, en el artículo 155 del Código Civil en el que no sólo se habla de los derechos de los jóvenes, sino también de sus deberes u obligaciones. Las preguntas que centraron el diálogo posterior a la charla fue según Calatayud, las relacionadas con las drogas, las relaciones sexuales, los cacheos, las identificaciones, los malos tratos por parte de padres o profesores, violencia escolar, relaciones entre compañeros, la utilización de los teléfonos móviles e incluso maltrato entre ellos o violaciones. «No se han cortado nada, hasta me han preguntado el sueldo -dijo el juez entre risas-, y yo no he tenido ningún reparo en decir que cobro 3.800? al mes tras 27 años en la carrera».

Prensa y judicatura

«Creo que los medios de comunicación han jugado muy mal su papel y en general la sociedad, pero especialmente los medios y la televisión -señaló Calatayud-, que han transmitido una idea de que como son menores, son impunes, tienen derechos y no deberes, y eso no es así y por eso muchos piensan que como son menores pueden hacer lo que les de la gana, pero cuando les cuentas casos concretos, no se lo creen», dijo el juez de Menores y explicó que una de las cosas que hace a menudo, lo hizo durante ocho o nueve años, es llevar a chavales a juicios de menores, para prevenir, para que sean conscientes de cuál es 'su' justicia «y cambia cuando ven a chavales esposados, padres llorando por el comportamiento de sus hijos y eso es lo que pretendo siempre darles una idea lo más completa posible, señalando sus derechos, sus deberes y las consecuencias de sus conductas».

Pero al mismo tiempo reconoció que los jueces en general tienen una manera de relacionarse con la sociedad, pero especialmente con los acusados, que no es la correcta, implícitamente estuvo de acuerdo de que el lenguaje abstruso que se utiliza en las diligencias judiciales es demasiado complejo «hablan para sí mismos y para los abogados».

Según Calatayud el Consejo del Poder Judicial no ha sabido transmitir lo bien que lo hacen los jueces «siempre dicen que los jueces no deben de hablar, que lo hacen por sus sentencias, y eso es un fallo, sobre todo en materia de menores ya que es importante que los chavales conozcan a sus jueces y su lenguaje debe ser otro, no sólo en los menores, que es imprescindible, sino también en los adultos, yo no juzgo para un abogado, sino para un menor, para un ciudadano y él es quien debe entender lo que le estoy diciendo, estamos en una época tan políticamente correcta que no nos entendemos, hemos, todos de comenzar a hablar claro para que nos entiendan los juzgados, no los abogados».

Calatayud insistió en que tras informar a los jóvenes de los muchos derechos que tienen «también les he hablado de sus deberes y obligaciones, fundamentalmente del artículo 155 del Código Civil, que señala que deben de obedecer y respetar a sus padres y contribuir con las cargas familiares». Pero al mismo tiempo Calatayud les señaló que así como tienen el derecho a estudiar, también tienen el deber de hacerlo, en definitiva que tienen derechos pero también obligaciones y que no cumplir con ellas supone unas consecuencias. «Algunos creen que como son menores son impunes, y eso no es cierto, se les exige una responsabilidad», dijo el titular del Juzgado de Menores nº1 de Granada que explicó a los estudiantes algunas de sus sentencias más notorias, de sus casos más problemáticos o de los que más le habían preocupado por su dificultad "me han preguntado prácticamente de todo hasta por qué me hice juez, pero lo principal era por los asuntos que a ellos les preocupa".

Emilio Calatayud señaló que en todas las charlas que hace en escuelas de todo el país las preguntas son bastante similares en un sitio u otro, aunque explicó que en grandes ciudades como Barcelona o Madrid, «los chavales son más duros y tienen una problemática especial y se refirió a las bandas juveniles, que en la mayoría de ciudades pequeñas o pueblos no existen, pero los jóvenes se centran, siempre, en sus preguntas, en alcohol, drogas, sexo, Internet, telefonía móvil, relaciones padres e hijos y con el profesorado».

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