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Los mejores ojos

El estudiante Paco Hurtado, discapacitado visual, enseña a su perro guía Quimi los recorridos que hace habitualmente

Paco Hurtado tiene 21 años, es de Santa Eulària y está estudiando un módulo de grado medio en Administración y Gestión en el instituto Xarc. Hace algo más de dos semanas Paco viajó a las instalaciones de la Fundación ONCE del Perro Guía en Madrid para conocer a Quimi, un labrador de año y medio que será su acompañante en el día a día. «Los cursos de instrucción que hacemos en Madrid es para que el perro tome contacto con el usuario; es un intensivo. Para que aprenda rutas y para que el usuario conozca mejor al animal. Una vez completado el curso, los instructores viajamos al lugar de residencia de la persona para comprobar cómo se desenvuelve con el animal», afirma Víctor Pérez, instructor de la Fundación ONCE del Perro Guía, quien señala que la persona interesada en disponer de un perro guía firma un contrato de usufructo mediante el cual el perro pasa a estar con él toda la vida siempre y cuando no se produzca una situación de maltrato hacia el animal: «Si se diera el caso podemos retirarles al perro porque éste siempre es propiedad de la fundación, aunque viva muchos años con el usuario».

Comprobación

Víctor viajó a la isla para ver cómo se desenvolvía Paco con Quimi. Los tres quedaron cerca de las nueve de la mañana en casa de Paco para completar la primera ruta, que comprende desde el edificio donde reside el joven de 21 años hasta la plaza Espanya de la Villa del Río: «Es una de las rutas que más hago. También me interesa que aprenda bien la que va de mi casa al instituto porque voy a clase todas las tardes. Y además suelo hacer el recorrido hacia la parada de autobús, pero hoy creo que no lo haremos porque está en obras», puntualiza Paco, quien añade que los primeros días Quimi se distrae con facilidad: «Está un poco más inquieto de lo que estaba en Madrid, pero porque está en la calle». El instructor cuenta que es «normal» que el animal se muestre un poco más nervioso: «Los perros se guían por el olfato y tienen que reconocer el terreno, por eso no para de olisquear allá por donde pasa». Tras algo más de cinco minutos de camino, Paco, Víctor y Quimi se sitúan frente al paso de peatones del Xarc: «El usuario es el que siempre da la orden de pasar o no. Ahora se han detenido delante del paso de peatones. Quimi está esperando y Paco escuchando el tráfico. La persona es siempre la que da la orden de pasar o no». Una vez en el centro educativo se dirigen hacia la clase de Paco. Y allí dan por concluida la ruta principal que harán estos dos compañeros.

El instructor asegura que los perros son capaces de aprender 300 palabras de entre las que destaca 'busca': «Los perros se mueven por objetivos. En este sentido, cuando suben a un autobús, por ejemplo, se le dice 'busca un hueco' e inmediatamente se pone a trabajar para conseguir la meta marcada». Una vez conseguida es importante recompensar al animal con muestras de afecto y palabras agradables, como 'muy bien', pero nunca se le debe premiar con comida: «Hay que tener en cuenta que estos perros pueden subir a aviones, autobuses, taxis y pueden entrar en cafeterías, por ejemplo, porque están amparados por la ley. Si les premias con comida se podrían ir con cualquiera».

María José Real

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