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La Fiscalía eleva a 10 años de prisión la pena solicitada para la expareja de Sara Calleja

El acusado al comienzo del juicio. | Archivo

| Ibiza |

Un psiquiatra ha explicado que el acusado de acosar a su expareja, que acabó suicidándose, presenta un trastorno de personalidad pero «no es un psicópata o un sociópata», ya que «es capaz de tener empatía».

La Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Baleares ha retomado este viernes el juicio contra el procesado, quien negó los hechos durante la primera sesión, atribuyendo todo a una denuncia previa que él interpuso hacia la víctima en la oficina de empleo.

En calidad de testigo, el psiquiatra ha manifestado, interrogado por la defensa, que el hombre presenta un trastorno del humor, síndrome postraumático y un trastorno de persona abandonada. Además, ha recordado que toma medicamentos antidepresivos, y hasta un total de siete medicamentos distintos.

Preguntado por el abogado por si ratifica los síntomas que la forense española describió del acusado --patologías graves como venosas, cardíacas, pulmonar, dermatológica o neurológica, y trastornos de la órbita psiquiátrica como de atención y concentración, e hiperactividad e impulsividad--, el experto ha reafirmado este diagnóstico y ha añadido, además, que la hiperactividad está sumada a una patología bipolar.

Con todo, al final de su declaración ha recalcado que, pese al trastorno de personalidad que presenta, «no es un sociópata» y es «capaz de tener empatía».

El siguiente en testificar ha sido el hijo de la víctima, quien ha resaltado que desde que la mujer terminó la relación con el acusado, al principio pensaron que «era un pesado» pero realmente su madre «tenía miedo» y «estaba deprimida», a la vez que ha asegurado que la víctima, «más allá de este señor --el procesado--, no tenía enemigos».

«Él iba detrás de ella, la poca comunicación que mi madre podía tener con sus amigas tuvo que cortarla», ha reiterado el hijo de la fallecida, insistiendo en que «como este señor acababa hostigándola» su madre iba cerrando sus perfiles en redes sociales.

También el hermano de la fallecida ha declarado este viernes en la continuación del juicio, asegurando que a casa de su madre, donde antes vivía la víctima, llegaron varios paquetes postales, presuntamente enviados por el acusado una vez finalizó su relación con la víctima.

Antes de dar por finalizada la sesión, Fiscalía ha modificado su escrito, añadiendo el delito de lesión psíquica por parte del acusado en base a dos artículos distintos, pidiendo una pena de cárcel añadida de tres años o, alternativamente, de un año. La acusación particular se ha adherido íntegramente a esta modificación.

Cabe recordar que el Ministerio Fiscal ya pedía para el hombre siete años de prisión por delitos de quebrantamiento de condena, maltrato psíquico habitual y coacciones.

LOS HECHOS

Los hechos juzgados se remontan a los años 2014 y 2015. Según el escrito de acusación, la relación entre víctima y acusado había finalizado en septiembre de 2013, pero el individuo no aceptó la ruptura y a pesar de la voluntad de la mujer de no querer seguir en contacto con él, insistía en querer verse.

De este modo, entre la ruptura de la relación y marzo de 2014, envió a la víctima cientos de mensajes y correos electrónicos con expresiones despreciativas e intimidatorias, según la fiscal. El hombre ingresó en prisión por estos hechos y, tras su salida en diciembre de 2014, la mujer se mudó a Ibiza.

Al salir de prisión, el encausado, según relata el escrito de la fiscal, siguió enviándole paquetes postales, al menos una docena, a menudo con objetos sexuales y elementos con connotaciones pretendidamente románticas o amorosas, a casa de su madre, que era donde la víctima vivía antes de mudarse a Ibiza, o a la del hermano de ésta.

Al mismo tiempo, en redes sociales el procesado colgaba fotos de acuarelas que la mujer había pintado y que vendía a través de Internet, junto a comentarios despectivos. También siguió realizando llamadas telefónicas y mensajes amenazantes.

Como consecuencia de estos comportamientos, la mujer sufrió un trastorno de ansiedad y depresión que desembocó en su suicidio en julio de 2015.

PRIMERA SESIÓN DEL JUICIO

Cabe recordar que en la primera sesión, el varón negó los hechos y defendió su inocencia, atribuyendo lo ocurrido a una denuncia previa que él interpuso contra la víctima ante la oficina de empleo.

También declararon como testigos la hija de la fallecida, quien destacó que su madre era «una mujer totalmente sana». Con todo, a raíz de haber finalizado la relación con el acusado, notó, según dijo, que tenía «miedo» y estaba «un poco asustada» porque el hombre le estaba molestando.

«En el momento en que deja la relación, con el tiempo, el miedo va in crescendo, y se plantea poner una serie de denuncias y medidas al no aceptar él la ruptura», manifestó al Tribunal.

Además, aseguró que en el teléfono de su madre «no paraban de sonar» llamadas de un número muy largo y, cuando fue consciente del «deterioro emocional» de la fallecida, quien insistía en que el procesado le estaba molestando, fueron a la unidad de ayuda a la mujer de la Policía.

También declaró el compañero de piso de la víctima, a la que describió como «una mujer con miedo, muy triste y angustiada». «La única vez que la vi algo más dialogante fue el mismo día o días antes del fallecimiento», añadió.

Durante el juicio, una amiga de la víctima recordó que la mujer le confesó que «estaba asustada, deprimida, que había denunciado y sentía que no le hacían caso», a causa de la conducta del hombre.

También una de las profesionales que trató a la fallecida explicó que «enseguida el Juzgado de Violencia pidió un informe» del caso. «Nos dimos cuenta de la situación de acoso por parte de la expareja, con la que tenía orden de alejamiento, pero seguía», rememoró en la Sala.

En esta línea, manifestó que con el tratamiento que recibió la víctima se notaba que se sintió «muy acogida», pero la psicóloga consideró que necesitaba «más ayuda». «Estaba más que desesperada, no tenía esperanzas de que esto --el acoso-- fuera a acabar, y se solicitó ayuda a psiquiatría de Ibiza porque necesitaba tratamiento ante su desesperación», relató la experta. Seguidamente, mencionó que en abril tuvo un intento autolítico «que asustó mucho» y «finalmente acabó con su vida» en julio.

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