Las caravanas que hace apenas uno o dos años eran más que habituales en los parkings disuasorios de la isla de Ibiza, especialmente en los del municipio de Ibiza, como podían ser los de sa Joveria, es Gorg o Ca’n Escandell, han tenido que buscarse nuevas ubicaciones más discretas ante las restricciones en formas de gálibo, que impiden su entrada y salida, que han ido instalándose en esos parkings. Por ello, esta gente ve todavía más dificultades con el lugar en el que establecerse.
La situación está especialmente a la orden del día, a raíz de la limitación de vehículos presentada por el Consell d’Eivissa, que llevó a cerca de un centenar de caravanistas a protestar ante el edificio de la máxima institución insular bajo el lema «Tenemos derecho a vivir en nuestras caravanas» hace justo un mes. En esta legislación se establece que estos vehículos tendrán que tener, obligatoriamente, una reserva en alguno de los cinco campings oficiales de la isla.
Plan de acción
Si de esto hace ya un mes, fue este mismo jueves cuando el Ayuntamiento de Eivissa se reunió con diferentes instituciones para proponer «un plan de acción» para hace frente a la proliferación de este tipo de viviendas. En este sentido, el Consistorio de la capital hizo hincapié en que «ya se han instalado gálibos en algunos aparcamientos donde se había detectado la ocupación prolongada de «vehículos-vivienda», como medida disuasoria y también para ordenar el uso del espacio público».
Ante estos mayores controles, y la posibilidad de enfrentarse a elevadas sanciones, los caravanistas han de buscar nuevos lugares para su ubicación. Es por ello por lo que, en el espacio ubicado entre la Avinguda de Sant Joan de Labritja y el carrer de Sa Llavanera, detrás de los comercios y las naves industriales, se acumulan estas caravanas, refugiándose del tránsito de gente y así, de las posibles sanciones.
Por el momento, no son tantas como pueden haber llegado a acumularse en otros lugares, pero sí que, entre un lado de la calle y otro, se sitúan más de una decena de ellas, la mayoría colocadas de manera contigua.
Una de esas personas que ha buscado cobijo ahí es Javi, un joven español que ya ha pasado por varios de esos parkings disuasorios, que ahora ve cómo le restringen su acceso. Le gusta explicar que la imagen que tiene mucha gente sobre esta vida es equivocada «no vivimos en una caravana por gusto sino por necesidad. Somos trabajadores, padres o madres de familia que no podemos permitirnos un alquiler». «Si nos echan de un lado, nos iremos a otro, pero no podemos seguir así», apuntó. Asegura que las personas que viven ahí «somos trabajadores, damos un servicio a la isla. Si nos echan a todos, no va a haber servicios aquí», concluyó.
Es un drama. Pero la culpa no es de los empresarios.