La mañana de este martes, el equilibrio entre las terminales de llegadas y salidas del aeropuerto de es Codolar estaba completamente decantado hacia el lado de los que se marchan. Decenas de jóvenes de aspecto exhausto, con mochilas ligeras, gafas de sol y botellas de agua, aguardaban su turno para embarcar rumbo a distintas ciudades europeas tras un largo fin de semana de clausura en las discotecas de la isla.
El final de la temporada de fiestas —los llamados closings— marca también, de facto, el cierre del verano turístico en Ibiza. Este año, sin embargo, la despedida ha coincidido con el paso de la dana Alice, que dejó importantes inundaciones en varios puntos de las Pitiusas y un escenario poco habitual para el último gran fin de semana de ocio nocturno.
Fiesta bajo la lluvia
Entre las personas dispuestas –y capaces– de ofrecer su testimonio estaban Levy y Dev, dos amigos procedentes de Birmingham. Fumaban un último cigarro antes de acceder a la terminal con destino al Reino Unido. «Vinimos el viernes y hemos estado hasta este mismo martes», explicaban. En apenas cuatro días, aseguran, habrán dormido «unas tres horas».
Ambos cuentan que no se perdieron ninguno de los grandes cierres de discotecas: «Estuvimos en DC-10, [UNVRS], Ushuaïa y Amnesia». Calculan que su presupuesto rondó los 2.000 euros por persona, aunque lo dan por bien invertido: «Ha valido la pena; el año que viene seguro que volvemos». Las lluvias de este pasado fin de semana apenas interrumpieron su itinerario. «Bailamos con los pies metidos en el agua», recuerdan entre risas.
Hoteles anegados
También Tomaso y Eduardo, dos jóvenes italianos, vivieron las consecuencias de la dana Alice. «El hotel quedó totalmente inundado», explican entre carcajadas antes de embarcar. «Estuvimos en Ushuaïa y después en [UNVRS]. Llovía mucho, pero eso no fue ningún problema para nosotros».
Últimos turistas
«Como teníamos un coche alquilado, ayer estuvimos recorriendo la isla y viendo los efectos de las lluvias», contaba Sophia, también italiana, mientras esperaba su vuelo junto a sus amigos Ciara, Julia y Anthony. «Durante las tormentas estuve bastante preocupada», admitía, aunque esa inquietud no impidió al grupo disfrutar de la gran fiesta final de una discoteca.
Julia reconocía que las entradas para los cierres se llevaron buena parte de su presupuesto. «El precio fue alto, claro, pero también hemos podido ir a algunos restaurantes», comentaba, resignada al coste habitual del destino. «Ya sabemos que en Ibiza eso es lo normal», añadía con una sonrisa cansada, a punto de cerrar su temporada estival.
Ni la lluvia ni el barro frenaron el pulso del ocio nocturno en su gran último fin de semana del año. La temporada turística se despide con un aeropuerto lleno de viajeros agotados que ya piensan en volver el próximo verano.
En otras palabras: los que solo tienen una neurona por fin se largan.