Todo comenzó a raíz de un artículo que Yasmin van Dorp leyó en el New York Times, en el que se contaba la historia de tantas personas abocadas a vivir en caravanas o tiendas de campaña en el interior de grandes campamentos como el de Can Rova en la «Ibiza del lujo», tal y como titulaba el propio Times. Al leer ese artículo, a la premiada cineasta Van Dorp le surgió la idea de llevar a cabo un documental en el que poner voz a tantas de esas personas abocadas a condiciones de infravivienda por los precios de la isla.
Antes de la existencia de ese artículo, van Dorp ya era consciente de lo delicado de la situación para tantos y tantos trabajadores: «me llamaba la atención como, especialmente después del confinamiento por el Covid, cada vez más holandeses de clases altas marchaban a la isla a vivir, comprando casas nada más llegar, cuando gente que vivía en la isla desde hacía mucho más tiempo no podía acceder a una vivienda», relata.
Esa crisis de la vivienda, argumenta la cineasta, no es algo ni mucho menos exclusiva de la isla: «es algo que está pasando también en puntos de Europa, como en mi Ámsterdam natal, pero en el caso de Ibiza es especialmente llamativo, porque es todavía más extremo». Para contar esa situación de primera mano, la directora viene regularmente a la isla para filmar estos testimonios y conocer un poco más la realidad de la isla. Sin embargo, ella mismo asegura que no puede permitirse vivir en Ibiza debido a esa crisis inmobiliaria.
Ya en Ibiza estuvo filmando el desalojo del segundo asentamiento de Can Rova II, que se produjo el pasado julio, y que fue uno de los momentos que más le impactó.
Situación extrema
De ello hace ya un año, en el que se ha dado cuenta de que la situación respecto a la vivienda «es todavía peor de lo que me imaginaba antes de venir aquí». Desde entonces ha estado trabajando en contar el testimonio de una veintena de personas, afectadas de un modo u otro por esta crisis de la vivienda: «hay un poco de todo, desde gente que llevaba años en la isla, pagando un alquiler que era razonable hasta hace no tanto, y que se ha tenido que ir de Ibiza porque se lo han subido y no puede pagarlo, hasta trabajadores que vinieron a Ibiza pensando que podrían conseguir un alquiler y han terminado viviendo en una autocaravana».
En base a recopilar esos testimonios, Van Dorp ha advertido que no se trata solamente de una cuestión de «origen, sino de clase». Y es que entre esos testimonios ha encontrado, detalla, tanto gente local como extranjera, pero ante todo, gente de clase trabajadora. «Es algo frustrante, porque es gente que aporta algo a la isla y, pese a tener un trabajo, no es capaz de permitirse acceder a una vivienda. Me parece especialmente cruel para muchos que están en situaciones delicadas», asegura.
Esto le parece a la directora del documental especialmente frustrante teniendo en cuenta que Ibiza es una isla «a la que viene mucha gente de fuera sin intención de aportar nada, solo sacar beneficio de la isla, y a esta gente no se le pone unos límites».
Abandonados
Una situación que, asegura Van Dorp, genera una sensación de abandono a tantas personas que se encuentran en esa delicada situación: «muchos están asustados, tienen incertidumbre respecto a lo que les depara en el futuro, y creo que se sienten sin el respaldo de unos políticos y unas instituciones que no están protegiendo a estas personas».
Antes de llegar a la isla se puso en contacto con Karen Killen, una activista de origen irlandés que lleva desde la década de los 80 en la isla «ha sido ella la que me ha facilitado un lugar donde hospedarme cuando vengo a la isla. También me ha puesto en contacto con gente del Sindicato de Inquilinas, donde conocimos varias personas que nos han estado ayudando mucho». El documental sigue en proceso de rodaje, y a día de hoy continúan buscando a gente que esté dispuesta a contar su historia, a través del correo yasminvdorp@gmail.com «aunque no todos vayan a salir en el proyecto final, porque este se centra en cinco personajes principales, todo testimonio es útil para la labor de documentación». El resultado final, en forma de documental: The bubble of Bliss «la burbuja de la felicidad» verá la luz no antes del 2030. «Estos proyectos son un proceso largo», concluye su directora.
A lo que hemos llegado… yo tampoco me puedo comprar una casa en maldivas aunque quiera.. igual es que se tienen que ir a comprar o a vivir a un sitio al que puedan pagar.