La población de lagartijas autóctonas de las Pitiusas podría colapsar por completo en un horizonte de entre cinco y diez años si no se adoptan medidas urgentes de conservación. Así lo advirtió ayer la bióloga Antònia Maria Cirer a Periódico de Ibiza y Formentera, quien alertó de que, de mantenerse la situación actual, la lagartija pitiusa no sobrevivirá a la década de 2030. Esta experta participó en las jornadas sobre medio ambiente celebradas en la Universitat de les Illes Balears, en las que realizó un repaso histórico sobre el estudio de la lagartija pitiusa.
Durante su intervención habló sobre la principal amenaza que afronta esta especie emblemática desde comienzos del siglo XXI, que es la expansión descontrolada de serpientes invasoras, «cuya rápida proliferación ha quedado reflejada en el elevado número de capturas registradas en los últimos años». Según explicó Cirer, la presión depredadora de estos reptiles está provocando un descenso acelerado de las poblaciones de lagartijas en amplias zonas de la isla de Ibiza. Ante este panorama, la bióloga expuso una serie de propuestas que, aunque no evitarían la desaparición total de la especie en libertad, permitirían conservar ejemplares y mantener viva su diversidad genética con vistas a una posible recuperación futura.
Entre las principales medidas planteadas destacó la recogida del mayor número posible de poblaciones para programas de cría en cautividad. Explicó que actualmente ya existe un programa de cría de lagartijas pitiusas en el zoológico de Barcelona, y se está estudiando ampliar esta iniciativa a centros de Valencia y otras instalaciones de Cataluña. El objetivo, indicó, sería preservar muestras representativas de la enorme biodiversidad que concentra esta especie. Otra de las propuestas pasa por la creación de espacios protegidos dentro de Ibiza mediante la instalación de vallas antiserpientes. Estos recintos, agregó, permitirían mantener poblaciones de lagartijas en condiciones naturales, a modo de «terrarios al aire libre», evitando su confinamiento en instalaciones cerradas y permitiendo que continúen desarrollando su comportamiento habitual.
«Estas medidas no evitarán la extinción, pero sí permitirán que no lo perdamos todo», explicó la bióloga, quien advirtió de que, si no se actúa de forma inmediata, ni siquiera será posible conservar ejemplares para futuros estudios. «Si no las recogemos ahora, desaparecerán y después ya no podremos hacer nada», remarcó. Preguntada por el grado de implicación de las administraciones, la científica reconoció que no siempre es fácil saber si estas propuestas cuentan con apoyo institucional. No obstante, defendió la importancia de insistir y trasladar ideas de forma constante, confiando en que en algún momento sean recogidas y aplicadas.
Repaso histórico
Durante su intervención, la bióloga realizó también un repaso histórico sobre el estudio de la lagartija pitiusa. Recordó que las primeras descripciones científicas se remontan a principios del siglo XX y que ya en 1921 se definió la primera subespecie. Entre 1921 y la década de 1960 se llegaron a describir hasta 45 subespecies distintas, «lo que pone de manifiesto la extraordinaria riqueza taxonómica de este reptil». Este elevado número de variantes refleja, según explicó, el enorme valor de biodiversidad que concentran las poblaciones de lagartijas de las Pitiusas. Un valor, apuntó, que no es solo ecológico y genético, sino también simbólico, ya que la lagartija se ha convertido en uno de los iconos naturales más reconocibles de Ibiza y Formentera. La científica agregó que la pérdida de la lagartija supondría un empobrecimiento irreparable del patrimonio natural de las islas y reiteró la necesidad de actuar de forma inmediata para evitar este posible colapso.
Ya hace tiempo que lo dije, sucederá como en Mallorca con su prima la sargantana balear, extinta en la isla y reducida a los islotes como Dragonera o Cabrera. Lo más que podemos hacer es ir pensando en la protección absoluta de los islotes como Tagomago, ses Margalides, Conillera o es Vedrà, y como mucho santuarios aislados y protegidos en es Amunts o sitios parecidos. Bien, el caso es que es una sola, tan solo una única especie vertebrada terrestre éndemica pitiusa que hay que proteger, y se extinguirá por inutilidad.A modo de ejemplo, para recuperar exitosamente al lince ibérico se han invertido 80 millones de euros en 30 años, cubriendo una enorme extensión de terreno. Aquí recaudamos 30-50 millones CADA AÑO de la ecotasa. ECO-tasa, y se gasta en vez de proteger a la única especia propia en peligro que tenemos, en palacios de congresos e inspectores para luchar contra nosequé y que solo este diario ha visto. Es lo que hay, si no se invierte absolutamente nada en esto, adiós a la sargantana en menos de una década. Y se recaudaran 300 millones de euros en ECOtasa, que es lo más grave.