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La odisea de una mujer con discapacidad visual en Ibiza: «Dalt Vila no es accesible»

Sol Bernal Rosso, que comparte contenido en sus redes sociales sobre diabetes, ha visitado Dalt Vila con el objetivo de comprobar si es accesible

Diferentes momentos de lo que se fue encontrando Sol Bernal durante su complicado paseo por Dalt Vila | Foto: Instagram - Sol Bernal Rosso

| Ibiza |

Sol Bernal Rosso es una mujer gaditana de 49 años que sufre diabetes desde los cinco años y que se dedica a visibilizar esta enfermedad metabólica crónica en sus redes sociales. A causa de esta condición médica, Sol perdió la visión. En su Instagram, por ejemplo, su nombre de usuario es @mismanojos y cuenta con 21.600 seguidores, por lo que es toda una referente para la personas que tienen diabetes o discapacidad visual.

En esta red social, uno de los tipos de vídeos que realiza son viajando por diferentes ciudades de España y del mundo con el objetivo de ver si están lo suficientemente adaptadas para las personas con discapacidad visual. Lo hace con su bastón y con una cámara que permite a sus seguidores ver los obstáculos que se encuentra mientras se pierde por estas ciudades. Algunas de las ciudades que ha visitado son por ejemplo Londres, Córdoba, Cádiz o Menorca.

Sin embargo, en su último vídeo, Sol ha visitado la isla de Ibiza con el objetivo de comprobar si una zona «tan bonita» como es Dalt Vila es accesible para personas como ella, que no ven. El vídeo inicia en la gran rampa de entrada al casco antiguo de la ciudad, en el Portal de ses Taules. «Mirad qué zona, la he visto antes en Google Maps y parece preciosa; me han recomendado subir por aquí», empezaba.

Mientras entraba en el Patio de Armas, destacaba que «hay una ‘tablita’ de madera donde se engancha el bastón», por lo que le dificultaba avanzar con facilidad. Algo que también le dificultaba el paso son las piedras del suelo, por lo que tenía que ir «con mucho cuidado porque el bastón se engancha muchísimo», a lo que añade que «da la sensación de que al menos es bastante bonito».

Sin embargo, su gran sorpresa llega cuando avanza y se aproxima al final del Patio de Armas. «No se si lo que escucho por allí son obras porque escucho como una máquina», se preguntaba con ciertos nervios. «¡Madre mía! ¿Por dónde me he metido?», exclamaba dando sensación de estar perdida y hasta incluso un poco angustiada. A pesar de estas complicaciones, Sol consiguió avanzar hasta llegar a un punto en el que no había salida, por lo que le preguntó a un trabajador por dónde tenía que salir.

«Accesible, lo que es accesible, no es»

El trabajador le indicó con total simpatía que tenía que salir por la cuesta que hay para acceder al Museo de Arte Contemporáneo y le ofreció ayuda, si es que así la necesitaba. En este edificio, sin embargo, sí destacó que había una aparcamiento para personas con movilidad reducida, lo cual «está muy bien».

Poca accesibilidad

Mientras empezaba a bajar por la rampa que sale hacia la Plaza del Parque, Sol destacaba que «accesible, lo que es accesible, no es. Pero es normal porque es el casco antiguo, donde están las murallas, y casi todos los cascos antiguos tienen este tipo de piedra que se engancha mucho», mientras caminaba por este tipo de piedra. Una vez abajo, decidió dar otra vuelta por las inmediaciones de Dalt Vila, con el objetivo de «perderse un poco y así poder comprobar mejor su accesibilidad».

«Por ahí se escucha otra máquina de obra, pero no se donde está», decía una vez abajo, mientras destacaba que «el suelo es mucho más llevadero para el bastón». En cuanto llega al final de la calle, se encontró con las obras de la calle Miquel Caietà Soler y de Vara de Rey, por lo que tuvo que volver a cambiar su recorrido, girando a la izquierda en dirección al Parque Reina Sofía y a la UIB, encontrándose enseguida con un cúmulo de escalones que «parecían no tener fin».

«Son escalones largos, aunque no son altos, pero no se cuántos habrá, la verdad», relataba mientras llegaba al final de los escalones, para posteriormente girar un poco a la derecha y seguir subiendo por la rampa, «que siempre es más cómodo». Finalmente, una vez acabó la rampa consiguió llegar al Parque Reina Sofía, después de una auténtica aventura por el casco antiguo de Ibiza que ha relatado en un vídeo que va acompañado de un texto que dice: «No se cuándo, pero volveré para ver el progreso de la obra».

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