«En Ibiza hay mucha mafia de relojes», sentencia Aitor Ferrer, profesional de la seguridad privada que ha sido entrevistado en el podcast La Factoría donde ha estado hablando, entre otras cosas, acerca de su pasado como escolta de personas con un gran poder adquisitivo.
Su paso por la isla pitiusa no solo se centró en la seguridad de multimillonarios o personas poderosas, también prestó servicio a «los típicos chavales que hacen música y que ganan algo de pasta», que, según Ferrer, «de esos hay muchos en Ibiza». Según explica el experto en seguridad, el problema con este perfil de cliente es que cuando en un momento dado se les avisa de una situación de peligro, como puede ser el robo de un reloj de alta gama, no le dan la importancia que tiene «y entonces piensas: ‘¿Y yo qué hago aquí?’». El escolta asegura que «esta gente lo que quiere es ir con un tío de dos metros a su lado para aparentar. Y eso se nota».
Un billonario que se escondía en Ibiza
Pero no todos en Ibiza buscan aparentar. De hecho, son muchos los que buscan pasar desapercibidos, o al menos intentarlo. Ese fue el caso de una persona «muy influyente» para la que Aitor Ferrer tuvo que trabajar hace un tiempo.
El servicio en concreto, según relata el profesional de la seguridad privada, consistió en estar durante 15 días con el cliente, dos semanas durante las que «puse a prueba toda mi experiencia». El hombre, sobre el cual Ferrer no da ningún dato personal, había tenido una forma de vida «muy difícil» y «se lo habían puesto muy difícil», por lo que decidió esconderse un tiempo en la mayor de las Pitiusas.
Este cliente invirtió gran parte de su capital en varias cosas imprescindibles para él en ese momento: el alojamiento, la seguridad y el transporte. Según Ferrer, los trabajadores cambiaban de casa cada tres horas, en total se habían alquilado cinco viviendas a unos 250.000 euros la semana cada una. «Estábamos todo el rato en movimiento», recalca Aitor Ferrer, que añade que estaba terminantemente prohibido que el servicio supiera el idioma que hablaba el cliente, «tenía un intérprete que se comunicaba con nosotros», afirma. Otra de las obligaciones de los trabajadores del particular era vestir como él: «Siempre íbamos de negro y, a veces, falseábamos las salidas del cliente para despistar».
El hombre había elegido Ibiza como lugar para escapar de algo que en ese momento le estaba persiguiendo. La isla fue uno de los tantos enclaves escogidos por esta persona y que le sirvieron como refugio durante un periodo de unos cinco meses. Aunque Ferrer no ha dado ninguna cifra concreta, el experto en seguridad da a entender que nómina por un trabajo como el que hizo en Ibiza.
Para Aitor Ferrer este servicio ha sido uno de los mejores de su carrera sin ninguna duda, «me gustó mucho trabajar ahí porque fui un escolta de verdad».
Como opinó Epstein. Ibiza da asco. Hasta el que se miraba en el espejo del diablo lo dijo. La próxima temporada más y mejor…..