El jueves pasado, Maria Josefa Pérez Marí, Sefa, anunciaba en redes sociales el final de una etapa que comenzó hace casi 90 años, cuando sus abuelos, Pep Marí y Maria Pepa Ripoll, de Can Tirorit, inauguraron el bar Vista Alegre, conocido por todos en Sant Joan por el nombre familiar: «La gente de aquí siempre lo ha seguido llamando Can Tirurit», explica en declaraciones a Periódico de Ibiza y Formentera.
La historia del negocio se remonta aún más atrás. Los bisabuelos de Sefa ya regentaban una tienda junto al estanco del pueblo antes de que, en 1936, sus abuelos compraran el solar de Sa tanqueta de misa, pegado a la iglesia de Sant Joan de Labritja. En plena Guerra Civil Española, la familia levantó el edificio que albergaría bar, tienda y pensión, además de la vivienda familiar.
El inmueble se construyó con técnicas tradicionales como el ‘amarado’ de vigas de madera, que el abuelo realizaba en Ses Salines, cuando desplazarse por la isla suponía una auténtica odisea. La pensión alojaba al médico, al maestro, al secretario o a trabajadores destinados temporalmente en el pueblo, convirtiendo el establecimiento en un punto neurálgico de la vida local.
Pep Tirorit falleció prematuramente, con tan solo 42 años, a causa de un asma que la medicina de la época no pudo tratar, pese a que su padre viajaba hasta Barcelona para conseguirle medicamentos. Su carácter festivo dejó una impronta imborrable: organizaba espectáculos de magia, juegos de cartas y actuaciones con acordeón para animar a un pueblo marcado por la dureza de la posguerra.
En aquellos años de escasez en la Postguerra, el trueque era habitual. Aceite por ultramarinos, productos básicos por cualquier artículo disponible en la tienda. El negocio no solo suministraba bienes: ofrecía encuentro, conversación y evasión.
Tras su muerte, Maria y sus hijos, Carmen y Pepito, tomaron las riendas. A finales de los cuarenta, tras la boda de Carmen con Fernando Pérez —padres de Sefa—, ellos asumieron el bar mientras Pepito continuaba con la tienda junto a su madre.
Transformación
El progresivo desarrollo de las comunicaciones en la isla llevó a abandonar la pensión para ampliar la vivienda familiar. Sefa y su hermano Fernandito nacieron y crecieron allí, incorporándose pronto al trabajo diario. «Mi hermano empezó antes; yo alrededor de 1978», recuerda.
Los años en que Carmen y Fernando regentaron el bar fueron, en palabras de Sefa, «una época buenísima». Coincidieron con la llegada de extranjeros y hippies que transformaron la atmósfera del pueblo. Muchos recalaban en Can Tirurit para desayunar tras largas noches de fiesta. Cuando regresaban del mercadillo de Punta Arabí y entre sitares, danzas del vientre compartían el material que les había sobrado durante la jornada y los porros de marihuana los cigarrillos de pota convivían con armonía mientras los mayores del pueblo jugaban a cartas –ellos al can y ellas a la brisca– en las mesas del bar (otros lo hacían al muní en un espacio a parte). Una mezcla insólita que definió una época.
Esa nueva clientela motivó la primera gran reforma del local, con cambio de mobiliario para adaptarse a un público más numeroso y cosmopolita, cuya huella aún permanece en la memoria colectiva.
Memoria
Sefa conserva como un tesoro una libreta antigua que define como «las redes sociales de la época». En sus páginas, los clientes dejaban mensajes para la comunidad: anuncios de venta de cámaras Polaroid o Súper 8, celebraciones de nacimientos como el hijo de Carlos y Jackie: Amable, mapas dibujados para localizar fiestas o viñetas satíricas como la que definía a España como «Reserva Espiritual de Accidente» a través de un personaje ‘forgiano’. También textos extensos, como los del periodista francés Jack Massacrielle, colaborador de Paris Match.
A finales de los 70, la tercera generación —Sefa y Fernandito— asumió el relevo y acometió otra reforma importante: ampliación y modernización de la cocina y creación de la terraza. Décadas de trabajo después, años después del fallecimiento de su hermano, Sefa ha decidido jubilarse. «No ha sido fácil», admite, subrayando el vínculo de amistad con la clientela y el agradecimiento a todos los trabajadores que han pasado por el negocio, entre ellos nombres como Tomás, María de Can Tixedor o Julieta, ligados a distintas generaciones.
Futuro
El cierre no supone un punto final definitivo para el espacio. La cuarta generación continuará desde una perspectiva distinta: su hijo Manolo impulsará un proyecto centrado en la salud y el bienestar —yoga, pilates y terapias alternativas—. Paralelamente, el primo de Sefa, Jordi Tirurit, transformará el antiguo espacio de la tienda en un nuevo bar, decidido a mantener el espíritu cordial que durante casi nueve décadas convirtió a Can Tirorit en el corazón social de Sant Joan.
Me’n record molt des cambrer que hi havia fa dècades (crec que era família d’ells) que li deien “es nòvio des cura”. Un lloc ben entranyable, sens dubte; sempre que pujàvem a Sant Joan ens aturàvem a fer un cafè.