El presidente de la Demarcación de Ibiza y Formentera del Colegio Oficial de Arquitectos de las Illes Balears (COAIB), Lluís Oliva, estuvo ayer en el programa Bona nit Pitiüses de la Televisió d’Eivissa i Formentera (TEF), donde analizó en profundidad la situación actual del sector de la construcción en las Pitiusas, marcada por la incertidumbre internacional y el encarecimiento progresivo de los costes a raíz del conflicto en Oriente Medio.
Durante la entrevista, Oliva advirtió de que el impacto de la actual coyuntura geopolítica ya empieza a dejarse notar, especialmente en territorios insulares como Ibiza y Formentera. «Sí que se empiezan a ver pequeñas subidas», señaló, explicando que no se trata aún de un incremento brusco, sino de efectos indirectos como el encarecimiento del transporte y las dificultades logísticas. En este sentido, subrayó que «la insularidad acaba teniendo un peso muy alto en el precio de la construcción, porque todo tiene que venir de fuera».
El arquitecto remarcó la fuerte dependencia exterior del sector: «La mayoría de materiales vienen de fuera», lo que hace que cualquier alteración internacional repercuta directamente en los costes locales. Esta situación genera inquietud entre promotores y constructores, aunque, según explicó, no es un fenómeno nuevo: «Cada vez que hay algo a nivel mundial que desestabiliza la economía, todo el mundo está en tensión».
Respecto a la evolución de los precios, Oliva fue claro al afirmar que la tendencia es alcista y sostenida en el tiempo: «La subida de precios será a medio y largo plazo». De hecho, insistió en que el impacto final recae principalmente en el cliente: «Quien acaba asumiendo la mayor parte es el promotor, el usuario final».
En cuanto a cifras concretas, el presidente del COAIB en Ibiza y Formentera indicó que construir una vivienda en suelo rústico difícilmente baja de los 2.500 euros por metro cuadrado, mientras que en suelo urbano ronda los 2.000-2.100 euros/m2 en calidades básicas. Unos precios que, según lamentó, hacen cada vez más inaccesible la vivienda: «Una vivienda de entrada para una persona normal es prácticamente inviable».
Foto: Arguiñe Escandón.
Además, alertó de una desaceleración en el sector si no se revierte la situación: «La sensación es que empieza a ir un poco hacia abajo, con una cierta pausa en nuevas construcciones». A esto se suma el problema de la vivienda protegida, cuyo futuro calificó de preocupante: «El futuro es bastante oscuro», advirtiendo de que muchos proyectos no salen adelante porque «ninguna constructora se atreverá a entrar a pérdidas».
Aseguró que, en las condiciones del mercado, estos proyectos «no salen a cuenta» para los promotores privados, ya que los costes de construcción superan ampliamente los márgenes permitidos. «Si una vivienda vale 2.500 euros el metro cuadrado y la tengo que construir por 2.000, nadie se arriesgará a invertir millones para perder dinero», explicó. En este sentido, recalcó que, salvo que existan incentivos claros o fórmulas mixtas que combinen vivienda libre y protegida, «el rendimiento es prácticamente inexistente». Incluso puso ejemplos concretos de promociones paralizadas, señalando que «hay proyectos que están a medio hacer porque ninguna empresa se atreve a continuar», como las VPO de Sant Ferran, en Formentera.
Otro de los aspectos críticos que abordó fue la lentitud administrativa. Oliva explicó que los plazos para obtener licencias pueden alargarse varios años: «Plantearse hacer algo en menos de dos años es inviable», llegando incluso a «cuatro o cinco años» en algunos casos como Formentera. Esta situación, unida al aumento de costes, complica aún más la viabilidad de los proyectos.
Sobre el comportamiento del mercado, fue contundente: «Nunca he visto bajar ningún precio de nada», asegurando que las crisis siempre han servido para incrementar costes, pero no para reducirlos posteriormente.
Finalmente, lanzó un mensaje claro a las administraciones públicas, reclamando medidas fiscales y mayor adaptación a la realidad del sector: «No podemos dar la espalda a lo que está sucediendo en la calle». Entre sus propuestas, destacó la necesidad de incentivos como reducciones fiscales o ayudas que hagan viables ciertos desarrollos: «O la administración ayuda, o no será atractivo invertir».
La solución global para la isla de Ibiza pasa por el DECRECIMIENTO. No hacen falta mas edificios del tipo que sea, incluso no harían falta mas viviendas, ni tampoco mas desaladoras, ni mas depuradoras, ni mas carreteras, ni mas etc .... Sobran gente y sobran actividades depredadoras de territorio y vectoriales de riqueza hacía paises foráneos; no estamos frente a una economía circular como pretenden hacernos ver