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Bautizos y confirmaciones de adultos marcan un hito en la Catedral de Ibiza

La primera ceremonia colectiva tras la implantación del catecumenado reúne a decenas de fieles

La Catedral de Ibiza acogió este sábado por la tarde una ceremonia poco habitual en la isla: el bautismo, la primera comunión y la confirmación de adultos . | Foto: Toni P.

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La Catedral de Ibiza acogió este sábado por la tarde una ceremonia poco habitual en la isla: el bautismo, la primera comunión y la confirmación de adultos en un acto colectivo que marca un punto de inflexión en la vida pastoral de la diócesis.

Presidida por el obispo Vicent Ribas, la celebración reunió a 14 personas adultas que recibieron los sacramentos del bautismo y la primera comunión, así como la confirmación, completando así su proceso de iniciación cristiana. A ellas se sumaron otras 50 personas adultas que recibieron el sacramento de la confirmación, en muchos casos tras haber sido bautizadas y haber comulgado previamente, pero sin haber culminado hasta ahora este itinerario.

La ceremonia, cargada de simbolismo, se desarrolló siguiendo los distintos ritos propios del bautismo de adultos, que se sucedieron con solemnidad ante una catedral llena. En primer lugar, los catecúmenos fueron ungidos, un gesto que representa la elección y la fortaleza espiritual. Después, tuvo lugar el momento central del bautismo, cuando el agua bendita fue derramada sobre cada uno de ellos, en un rito que escenifica el nacimiento a una nueva vida en la fe cristiana.

Tras el bautismo, los recién iniciados recibieron el mantón blanco, símbolo de pureza y de la nueva condición adquirida. El rito culminó con uno de los momentos más visuales de la celebración: los padrinos encendieron las velas, transmitiendo la luz como signo de la fe que, desde ese instante, acompañará a los nuevos miembros de la comunidad cristiana.

Se trata de la primera ceremonia colectiva de estas características en Ibiza desde la instauración del catecumenado de adultos en la diócesis el pasado mes de noviembre. Esta iniciativa responde al incremento de solicitudes de bautismo entre personas adultas y también de niños con uso de razón, una tendencia que ha llevado a estructurar un proceso formativo específico en los últimos meses, combinando encuentros conjuntos y catequesis en las parroquias.

Más allá del rito, la jornada dejó también testimonios que reflejan la diversidad de trayectorias personales que confluyen en este proceso. Beatriz Salas, de 36 años, explicaba antes de la ceremonia: «vengo a recibir el catacumenado: los tres sacramentos». Su decisión responde a una búsqueda personal: «Yo siempre he estado vagando un poco y he tomado la decisión de encontrar mi camino y sentirme bien. De esta manera he encontrado mi armonía en Dios y siento que me ha llegado el momento». Con emoción contenida, añadía: «Me siento muy ilusionada y emocionada antes de dar el paso a unirme a Dios para seguir mi camino en base a Sus valores y aplicarlos en mi vida».

Christian, de 30 años, vivía la jornada con intensidad: «Estoy muy emocionado y contento: es un gran paso en mi vida». Su acercamiento a la fe católica ha sido progresivo: «Crecí en un lugar donde se seguía otra religión y gracias a mi esposa, que es católica, estoy conociendo a Dios y ha cambiado mi vida de una manera increíble».

También Caren Cruz, de 37 años, destacaba el significado del momento: «Me siento muy feliz. Es un paso maravilloso que he decidido tomar en mi vida e invito a todas las personas a que se acerquen a este camino».

En otros casos, el impulso ha sido más práctico, pero ha derivado en una experiencia más profunda. Es el caso de Nerea, de 23 años: «Quiero ser madrina y no tenía ninguno de los sacramentos, eso me ha animado». Sin embargo, el proceso ha superado sus expectativas: «Mis padrinos son Marcos y Ana y estoy descubriendo mucho más de lo que me podía imaginar».

La recuperación de la fe tras años de distancia también estuvo presente. Sílvia, de 40 años, lo resumía así: «Yo he sido agnóstica toda mi vida y ahora he recuperado la Fe». Su camino ha sido inesperado: «Profundicé en la religión, que nunca me había interesado, y sorprendentemente no he tenido otra opción que empezar a creer de verdad». A su lado, Marnix, de 30 años, compartía una experiencia similar: «Igual que Sílvia, mi pareja, he recuperado la Fe».

La celebración del sábado no solo tuvo un carácter litúrgico, sino también sociológico, al evidenciar una realidad creciente en la diócesis: la incorporación consciente y adulta a la vida cristiana. En un contexto en el que la fe ya no se hereda automáticamente, sino que en muchos casos se busca, se cuestiona y finalmente se adopta, el catecumenado se consolida como una vía estructurada para acompañar ese proceso.

Con este acto, la diócesis de Ibiza refuerza una línea pastoral que trata de dar respuesta a nuevas sensibilidades y trayectorias vitales, en una sociedad donde la espiritualidad, lejos de desaparecer, parece encontrar nuevas formas de expresión en la edad adulta.

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