La madre de Montse tiene 92 años y le gusta ir en coche hasta el mar, y quedarse un rato mirando el mar desde el asiento, hasta que n día alguien le metió el brazo por la ventanilla abierta, para arrebatarle el móvil, un teléfono de teclas sin apenas valor. «Se le cayó al suelo y lo recuperó. Pero el susto de mi madre...». Desde ese día, Montse les ha pedido a sus padres que no vuelvan. «Sois personas vulnerables, sois personas mayores, y os pueden hacer algo», les dice. Ella es una de esas vecinas y vecinos de Punta Xinxó que están hartos de convivir con un asentamiento ilegal sobre la estructura de un hotel inacabado y para el cual no encuentran soluciones pero sí cada vez más problemas.
«Tenemos miedo incluso de venir a reclamar, porque tenemos miedo de que nos estén vigilando, y tenemos miedo de salir», asegura la vicepresidenta de uno de los residenciales colindantes, quien prefiere no dar su nombre. Ella misma sale a las seis de la mañana a pasear a su perra y se encuentra situaciones que la inquietan. «Las mujeres nos tienen así, de aquella manera, y nos miran raro. Yo soy una mujer mayor y no me preocupa tanto. Pero me da miedo que cojan a una chiquilla», asegura.
En la mañana de este miércoles, según cuenta, ha visto a dos mujeres en un estado que la ha perturbado. «Me daba miedo, porque eran dos turistas, que iban borrachas, y que no saben el peligro en el que pueden estar como le cojan a estos chicos, no sé qué va a pasar». Y es que la situación es, todavía más peligrosa si cabe, para las mujeres, incide.
Insalubridad
La insalubridad es la otra cara del mismo problema. En ello incide uno de los comerciantes de la zona -que también prefiere mantenerse en el anonimato-, asegura que: «esta gente no tira la basura en los contenedores, hacen su necesidades dentro. Abres el comercio y se me llena de moscas y mosquitos como si fuesen un cliente que me esperan en la puerta».
Ángel Tierno, vicepresidente de la asociación de vecinos y comerciantes de la zona, una agrupación que está tratando de unir a Cala de Bou, incide en que «cada vez que llega la temporada de verano se acentúa con la llegada masiva de personas que están en una situación irregular en cuanto a la vivienda, aunque muchos de ellos dispongan de trabajo». Y apunta a un efecto arrastre que agrava la situación: los recientes desalojos producidos en Can Misses y Sa Joveria han desplazado, al parecer, a parte de esa población hacia Cala de Bou.
A los robos nocturnos en comercios de la zona —y algunos diurnos— se suma la sensación de que la presión policial no alcanza. «Necesitamos más apoyo», dice Tierno. Algunos vecinos se encuentran a los moradores dentro de las urbanizaciones, usando piscinas, aseos y duchas comunitarias. La coordinación vecinal se sostiene sobre un grupo de WhatsApp donde los afectados van volcando las incidencias del día a día.
Peleas e incendios
Y es que los acontecimientos indeseables para los vecinos se acumulan en los últimos días. Desde un incendio que ocurrió la noche del viernes, que aunque no hubo que lamentar heridos, causó el sobresalto entre la comunidad, de la misma manera que lo hizo una pelea a machetazos que supuestamente habría ocurrido en los alrededores del asentamiento, según narran estos vecinos.
La vicepresidenta de una de la comunidad de vecinos recalca su malestar con la situación: «somos una tercera parte de lo que recauda el ayuntamiento de Sant Josep, con nueve mil y pico vecinos. Estamos abandonados: en sanidad, en vigilancia, en todo. Somos una zona turística que estamos dejando que esto sea un gueto. Al final vamos a tener que salir los nueve mil vecinos a manifestarnos», asegura, algo alterada en su alegato.
Montse ironiza sobre la situación que les toca vivir en Cala de Bou: «vivimos con hoteles de lujo de cinco estrellas al lado de esto. No es congruente». Denuncia también la existencia de mafias que cobran a los propios moradores por ocupar el espacio, y recuerda incidentes recientes: una paliza, un incendio, gente que se apunta a gimnasios solo para poder ducharse y que, después de tantos años, termina por colmar la paciencia de todos ellos.
EN SERIONo, no lo son, no todos son iguales. Esto tiene nombre y apellidos: Pedro Sánchez