Cuando Francisco Clapés Cardona, Paco de Sa Font, decidió comprar un solar en el barrio de Sa Font apenas tenía 20 años. Corría el año 1972 y aquella zona de Santa Eulària poco tenía que ver con la que se conoce hoy. Había pocas construcciones y la antigua fuente de Sa Font d’en Yern todavía daba nombre y sentido a un entorno que comenzaba a desarrollarse.
Sin embargo, la relación de Paco con la hostelería venía de mucho antes. Su aprendizaje comenzó durante la infancia en el bar La Verdad, regentado por su tía Maria d’en Poll, junto al colegio de Santa Eulària.
«Por las mañanas ayudaba a mi tía detrás de la barra mientras esperaba que empezaran las clases», recuerda entre risas. Tan pequeño era que necesitaba subirse a una caja de cerveza San Miguel de madera para que los clientes pudieran verle al otro lado del mostrador.
Inicios
Tras finalizar sus estudios, en 1966 empezó a trabajar como botones en el hotel Fenicia, donde permanecería hasta la temporada de 1972. De aquellos años recuerda especialmente las excursiones nocturnas en bicicleta junto a otros trabajadores hasta Cala Llonga después de terminar la jornada laboral.
Fue precisamente en uno de
Mientras su padre, dedicado a la construcción, levantaba el edificio, Paco tramitaba los permisos necesarios. «Entonces todo el papeleo era mucho más sencillo que ahora», recuerda.
Las obras comenzaron en diciembre de 1972 y avanzaron a gran velocidad. Apenas siete meses después, el 25 de julio de 1973, festividad de Sant Jaume, abría sus puertas el bar y tienda de comestibles Sa Font.
Crecimiento
Toda la familia se implicó desde el primer momento en el proyecto. Ni siquiera la incorporación de Paco al servicio militar en 1974 alteró el funcionamiento del negocio.
Los primeros años fueron los de un establecimiento sencillo y muy ligado a la vida cotidiana del barrio. «Era el típico bar de café, copa y alguna cerveza. Después empezamos a hacer algunos bocadillos», explica.
El crecimiento del negocio fue paralelo al desarrollo urbanístico de la zona y de la propia isla. La llegada constante de trabajadores vinculados al boom de la construcción llenaba cada día el establecimiento.
Las partidas de cartas se prolongaban durante horas. El tuti, la manilla y otros juegos reunían a numerosos vecinos. «Muchas veces se hacían las tres de la mañana y teníamos que echar a la gente. Luego seguían jugando debajo de una farola», recuerda.
Familia
La historia del negocio también corre paralela a la de la familia Clapés. En 1978 Paco contrajo matrimonio con Maria, con quien tuvo dos hijos, Marilina y Daniel.
Aquellos años trajeron nuevas inversiones. La familia construyó su vivienda junto al establecimiento y reformó el local para independizar la tienda del bar. Décadas más tarde, ya en los años noventa, Paco adquiriría también el terreno de su hermana para ampliar la actividad comercial y crear el supermercado que continuó funcionando hasta 2023.
«Nuestra generación fue privilegiada. Pudimos comprar una parcela, construir un negocio y levantar nuestra casa», reflexiona Paco. A su juicio, la realidad actual es muy distinta. «Nuestros hijos ya no tienen las mismas oportunidades y muchos jóvenes ibicencos se ven obligados a marcharse para poder vivir».
Barrio
Más allá de su actividad económica, Sa Font desempeñó desde sus inicios un papel fundamental como punto de encuentro vecinal.
Las fiestas de Sant Joan alcanzaron una notable popularidad durante los años setenta y ochenta. Juegos, actuaciones musicales y actividades para todos los públicos llenaban durante varios días la zona.
«Llegó a venir más gente aquí que a Santa Eulària», asegura Paco. La organización se compartía con el vecino bar Es Riu, situado al otro lado de la carretera, con cuyos propietarios mantuvieron siempre una estrecha relación.
Relevo
Con el nacimiento de sus hijos, Paco y Maria optaron por centrarse en la familia y en la gestión de la tienda. Entre 1980 y 1986 el bar quedó en manos de Bartolo y Pepe, hermanos de Can Balafi.
Posteriormente recuperaron la gestión directa hasta 1999, cuando decidieron abandonar definitivamente la explotación del establecimiento hostelero para concentrarse en el supermercado.
Desde entonces, Sa Font ha pasado por distintas etapas y responsables. El primero fue el gallego Pepe Maneiro, que permaneció una década al frente del negocio. Después llegaron Lina y Pepe, procedentes de la pizzería Pinocho, y posteriormente Manolo, que regentó el establecimiento hasta 2019.
La última gran transformación llegó tras la reforma realizada poco antes de la pandemia. Carmen Benítez y su hermano Nicolás asumieron entonces la gestión del local en uno de los momentos más complicados para la hostelería. Desde 2023 es Carmen quien continúa al frente del negocio en solitario.
Presente
«Es el típico bar de carretera donde parar a desayunar, tomar un café, comer tranquilamente o echar una partida al futbolín», resume Carmen.
Actualmente el establecimiento mantiene una oferta basada en desayunos, tapas y menú diario. Entre las especialidades más demandadas figuran las manitas de cerdo, la tortilla de patatas y el popular bocadillo trifásico. A ellas se suman montaditos, albóndigas, rabo de toro, osobuco y frita de cerdo elaborados por Manuela en la cocina.
Mientras tanto, Paco y Maria disfrutaron durante años de la actividad del supermercado hasta que, en 2023, decidieron poner fin a medio siglo de trabajo.
Con ellos se jubilaba una generación de emprendedores que contribuyó al crecimiento de un barrio que apenas existía cuando comenzaron la aventura. El bar Sa Font, sin embargo, sigue abierto junto a la carretera, manteniendo vivo un legado que comenzó hace más de cincuenta años alrededor de una pequeña fuente que dio nombre a todo un barrio.
«Nuestra generación fue privilegiada: pudimos comprar una parcela, construir el negocio y levantar nuestra casa».