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Increíbles imágenes de seis delfines que se dejan ver en Es Cubells

«Fue maravilloso»: Thiago, residente en la isla, relata la increíble experiencia de encontrarse cara a cara con estos cetáceos en su primer paseo en moto náutica

La grabación de Thiago a bordo de una moto de agua. | Vídeo: Thiago

| Es Cubells |

Ibiza regala momentos mágicos cuando menos se espera, y si no que se lo pregunto a Thiago. Este vecino, residente en la isla desde hace tres años, vivió el pasado domingo 14 de abril una jornada que difícilmente podrá borrar de su retina: el avistamiento a escasos metros de una manada de seis delfines nadando en total libertad en la zona de Es Cubells.

Todo comenzó como un plan improvisado de domingo. Un buen amigo de Thiago le propuso salir a dar una vuelta para exprimir el día a bordo de sus motos de agua. Para Thiago, la experiencia ya era idílica de por sí, puesto que nunca antes se había subido a una.

La excursión transcurría con total tranquilidad cuando, de repente, la superficie del mar Mediterráneo se rompió. Thiago divisó unas aletas que asomaban tímidamente entre el oleaje. Consciente de lo que aquello podía significar, no se lo pensó dos veces y empezó a gritarle a su compañero: «¡Para, para, para!».

Ambos detuvieron los motores y decidieron aproximarse con cautela a la zona donde habían visto el movimiento. Lo que vino a continuación superó cualquier expectativa. Para el asombro de los dos amigos, no apareció un ejemplar solitario, sino que empezaron a emerger de dos en dos hasta contabilizar una manada de seis delfines que nadaban y jugaban muy cerca de ellos.

Verlos en persona y a tan corta distancia causó una tremenda impresión en Thiago. El joven reconoce que le parecieron «supergrandes» en las distancias cortas y no duda en asegurar que, en los tres años que lleva viviendo en territorio ibicenco, este ha sido, sin lugar a dudas, «uno de los mejores días» que le ha ofrecido la isla de Ibiza.

La anécdota divertida de la jornada llegó cuando el asombro inicial dio paso a las risas entre los dos tripulantes. Thiago confiesa, entre carcajadas, que lo primero que le soltó su amigo al ver a los animales rodeándolos fue que se tirase al agua a nadar con ellos. Sin embargo, ante el imponente tamaño de los cetáceos y el impacto de tenerlos tan cerca, prefirió ser prudente: «Ante tal impresión, no me atreví», concluye entre risas.

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