Hay establecimientos que sirven cafés, desayunos o comidas. Y luego están aquellos lugares que, además, funcionan como punto de encuentro, refugio cotidiano y auténtico corazón de un barrio. El bar de la Asociación de Vecinos de San Pablo pertenece a esta segunda categoría. Desde su inauguración, en junio de 1999, se ha convertido en uno de los espacios más queridos del vecindario, un lugar donde conviven generaciones enteras y donde la vida social del barrio sigue latiendo con fuerza.
Tras pasar por distintas manos a lo largo de los años, el local inició una nueva etapa en 2020 cuando la sociedad formada por Martín Faggiani, David Chorat y Vicente Tur asumió su gestión. «Vicente fue el «culpable» de todo, el que nos convenció a los demás para emprender esta aventura al frente de este local», recuerda entre risas Faggiani. La experiencia acumulada por los tres socios fue clave para afrontar el proyecto. «David tiene una amplia experiencia en la hostelería y yo también llevo muchos años en este mundo. Desde 2004 estoy al frente del restaurante Can Mario», explica.
Su estreno al frente del establecimiento coincidió con uno de los momentos más complicados para la hostelería, pero también con una clara apuesta por integrarse en la vida del barrio. «El primer gran evento que hicimos nada más abrir en 2020 fue la chocolatada de los Reyes Magos», recuerda.
Lo cierto es que el recinto va mucho más allá de la actividad propia de un bar o restaurante. El complejo cuenta con un amplio parque infantil, un campo de fútbol sala, un escenario para conciertos y celebraciones, además de diferentes espacios sociales que utilizan habitualmente los vecinos. «Cada martes y jueves vienen las mujeres del barrio para coser», explica Faggiani, poniendo como ejemplo la intensa actividad que se desarrolla a diario en las instalaciones.
La colaboración con la Asociación de Vecinos es constante. «Trabajamos siempre codo con codo con los miembros de la asociación para colaborar en las fiestas y eventos que se celebran en el barrio», señala. Precisamente esta semana arrancan las fiestas de San Pablo, una de las citas más importantes del calendario vecinal. El programa incluye actuaciones de grupos tan conocidos como Projecte Mut, Endèmics, Miquel y Reya, Groove Garage o el espectáculo de Discover junto a la compañía Acrobáti-K durante la noche de Sant Joan.
Además, el local participa activamente en iniciativas dirigidas a los residentes de más edad. «Celebramos dos grandes cenas para los mayores del barrio: una por Navidad y otra durante las fiestas», explica. Este año, debido a las obras de construcción de nuevas viviendas en la zona, será necesario trasladar algunos actos. «No se podrá utilizar el escenario donde se ha hecho siempre, pero se habilitará el aparcamiento y será tan impresionante como cada año».
Faggiani considera que estas nuevas promociones residenciales marcarán un antes y un después para la zona. «Las nuevas viviendas supondrán un cambio muy importante, tanto para el barrio como para el local de la asociación».
El establecimiento también se ha convertido en un lugar habitual para la celebración de cumpleaños infantiles gracias a la amplitud de sus espacios exteriores. A ello se suma un servicio poco habitual: dos barbacoas que pueden alquilarse por horas para cocinar allí mismo. «Cualquiera puede traer su propio material y prepararlo aquí», comenta.
La plantilla llega a alcanzar las doce trabajadoras y trabajadores. Marina y Fanny son las encargadas del día a día, mientras que Gabriel se ocupa de la cocina, tanto del menú diario como de los banquetes y celebraciones. Entre las especialidades más populares destaca el bocadillo «Los Amigos», aunque también tienen una gran aceptación las pizzas caseras, las hamburguesas, los montaditos y los menús de desayuno.
Uno de los aspectos más valorados por la clientela son los precios. El menú de desayuno cuesta cinco euros, el almuerzo ocho y el menú de comida doce. Una filosofía que encaja perfectamente con el carácter popular del establecimiento.
«Esto es otro mundo», resume Faggiani. «Aquí se respira el mismo ambiente que antiguamente, con familias en las que los padres se sientan tranquilamente a tomar una cerveza mientras los niños juegan en el parque».
Esa sensación de comunidad es precisamente la que destacan quienes frecuentan el local. Ricardo, conocido por todos como «el Maño», lleva muchos años viviendo en el barrio y acude prácticamente a diario. Destaca la sensación de libertad y cercanía que se respira en el recinto. Tito, vecino de Santa Gertrudis, tampoco falla a su cita semanal para desayunar junto a su suegro y asegura que el trato recibido es siempre excepcional.
Desde Cas Mut llega cada jueves Benito para desayunar y compartir conversación con otros habituales, mientras que Carlos, residente en Cas Serres, acude cada mañana atraído por la tranquilidad del lugar, los precios asequibles y el ambiente familiar. Para él, ver a los niños jugando junto al parque mientras los vecinos conversan en las mesas es una imagen que resume perfectamente el espíritu del establecimiento.
Porque, más de un cuarto de siglo después de su apertura, el bar de la Asociación de Vecinos de San Pablo sigue siendo mucho más que un negocio de hostelería: es uno de esos escasos lugares donde el barrio continúa encontrándose consigo mismo cada día.
San Pablo es genial. De los pocos sitios donde si no eres rico puedes ir. Gracias.