Acaban de nominar a Aena al premio nacional de persuasión y pronostico que lo va a ganar de calle. Lo que parecía un conflicto institucional, político y social inevitable a cuenta de las obras faraónicas del aeropuerto de Ibiza, con el Consell d'Eivissa y el Govern balear oponiéndose a una remodelación con tintes de ampliación XXL, ha quedado resuelto.
No han hecho falta recursos en los tribunales ni manifestaciones de protesta. Ha bastado con una explicación de los responsables de Aena explicando qué piensan hacer y asunto zanjado.
Hasta hace apenas unos días, la ampliación del aeropuerto era poco menos que la antesala del apocalipsis turístico. Se denunciaba que supondría un incremento de la capacidad de la infraestructura y, por tanto, una amenaza para una isla que lleva años al límite. Hoy, sin embargo, resulta que no hay problema. Todo era un malentendido.
Aena ha explicado que las obras no persiguen aumentar la capacidad del aeropuerto, sino adaptarlo a nuevas exigencias normativas, mejorar la seguridad, facilitar el control fronterizo, reorganizar espacios y ofrecer unas instalaciones más eficientes. ¿Quién podría estar en contra de la seguridad, de la eficiencia o del cumplimiento de la normativa? Tema resuelto.
De repente, pasar de 17 a 32 puertas de embarque, instalar ocho pasarelas telescópicas adicionales y ampliar considerablemente la superficie de la terminal, ya no es sospechoso ni parece desmedido. Ahora son mejoras técnicas inaplazables. Interiorismo aeroportuario.
Es admirable comprobar cómo una explicación puede cambiar por completo la percepción de un proyecto que llevaba meses generando rechazo político y social. La realidad física de las obras sigue siendo exactamente la misma porque los planos y los planes no han cambiado. La inversión continúa siendo multimillonaria. Lo único que ha variado es la explicación. El relato, que se dice ahora.
Aena siempre tuvo razón. Fue duramente criticada y quizá todo se debió a una confusión. Tal vez ampliar no significa ampliar y aumentar espacios no implica necesariamente incrementar la capacidad operativa. En ese caso, habría sido un detalle explicarlo desde el primer día. Nos habríamos ahorrado meses de declaraciones, mociones en las instituciones, comunicados alarmistas y debates interminables.
Si tan sencilla era la explicación, cuesta entender por qué el gestor aeroportuario esperó hasta ahora para ofrecerla. Bastaba con reunirse con los confundidos gobernantes, enseñar unos planos, pronunciar varias veces las palabras "seguridad", "operatividad" y "normativa europea", y listo. Todos convencidos.
También cabe otra interpretación, bastante más terrenal. Que las administraciones hayan comprendido que enfrentarse a Aena tiene un recorrido muy limitado. El gestor aeroportuario dispone de las competencias, del presupuesto y, en última instancia, de la capacidad para sacar adelante el proyecto. Ellos están al mando y nadie puede hacerles frente.
Mantener un pulso institucional destinado a terminar en derrota era derrochar energía y esfuerzos. Mejor no empezar una guerra que no puedes ganar.
Y si este es el caso, tampoco pasa nada por decirlo. Es una postura perfectamente legítima. Mucho más, desde luego, que fingir que una infraestructura que duplica sus puertas de embarque y amplía de forma notable sus instalaciones ha dejado de generar dudas simplemente porque alguien ha asegurado que no llegarán más aviones ni más pasajeros.
En cualquier caso, enhorabuena a Aena. No todos los días se consigue transformar una ampliación en una simple reforma. Y no todo el mundo es capaz de poner a las órdenes a varias administraciones sólo con un encuentro cordial y discreto. Un milagro, vaya.
HAY QUE REIRSE O DESCO....E VAYA PARIPÉ LO LÓGICO SERIA QUE EN NOVIEMBRE,TODOS,TODOS INVADAMOS EL AEROPUERTO Y DEMOS NUESTRA OPINIÓN ESTO EN IBIZA ....