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Bares de siempre

Bares de Ibiza: Pascual, el «salón de Siesta»

Pascual Muñoz Moreno. | Foto: Toni P.

| Santa Eulalia |

Detrás de la barra del bar Pascual hay mucho más que casi un cuarto de siglo sirviendo cafés, cañas y aperitivos. También hay una larga trayectoria laboral que poco tenía que ver con la hostelería cuando Pascual Muñoz Moreno llegó a Ibiza a mediados de la década de los 80. Aunque sus primeros pasos profesionales habían transcurrido en un hotel de Playa de Aro, el destino le llevó durante años a ganarse la vida siempre detrás de un volante. Primero repartiendo cerveza San Miguel y, más tarde, conduciendo un camión en el sector de la construcción. Fue precisamente esa etapa la que cambió por completo el rumbo de su vida. «Tuve la mala suerte de tener un accidente en el que me fastidié dos vértebras, lo cual me impidió seguir trabajando en este sector», recuerda. Tras recuperarse encontró trabajo como taxista, aunque aquella tampoco sería su ocupación definitiva. «Este trabajo hace muy complicada la convivencia en familia, por lo que decidimos buscar otra historia. Nos enteramos de que este bar estaba disponible, lo compramos y aquí seguimos 23 años después», explica.

Junto a su esposa, Pepi Andreu, abrió las puertas del bar Pascual hace ya 23 años, en plena urbanización Siesta de Santa Eulària, donde ambos son vecinos desde hace más de tres décadas. Antes de convertirse en el actual bar Pascual, el establecimiento era conocido como Tropic y estaba regentado por un propietario alemán. «Más o menos tenía las mismas características que tiene ahora, aunque tenía un carácter más musical y era un bar de noche», recuerda Pascual. Sin embargo, desde el primer día ambos tuvieron muy claro el tipo de negocio que querían construir. No buscaban un local de moda ni un establecimiento orientado exclusivamente al turismo. Su idea era crear un auténtico bar de barrio. Para Pascual, esa definición tiene un significado muy concreto. «Un lugar donde la gente que viene te cuenta sus historias, para los que más que un camarero eres un amigo, un psicólogo o un compañero. Un lugar muy distante a aquellos donde solo te preguntas qué quieres y después que si quieres la cuenta».

Esa filosofía ha terminado convirtiendo el establecimiento en uno de los puntos de encuentro habituales de los vecinos de Siesta, donde las conversaciones suelen prolongarse tanto como los cafés o las cañas. Sabor Cuando habla de la cocina del local, Pascual resta importancia a una oferta que, en realidad, es uno de los grandes atractivos del establecimiento. «Básicamente se limita a tapas y bocadillos», comenta con modestia, mientras en el mostrador destacan elaboraciones caseras como la ensaladilla o las albóndigas que prepara Pepi y que forman parte del día a día del negocio. Pero si hay algo que identifica al bar es el aperitivo que acompaña cada consumición. «La estrella es el aperitivo que servimos con cada bebida», asegura Pascual. Entre los más solicitados destacan la sepia a la plancha y, sobre todo, el pincho de la casa, cuya receta mantiene intacta desde hace décadas. «Lo elaboro yo mismo con la misma receta que siempre se ha preparado en mi pueblo, Pozo Alcón», explica con orgullo. Recuerdos Después de 23 años de actividad, el bar Pascual ha sido escenario de innumerables celebraciones y momentos compartidos por varias generaciones de clientes. Entre los recuerdos más especiales, Pascual señala las victorias de la selección española de fútbol en los grandes campeonatos internacionales. «Especialmente el Mundial de 2010, cuando seguimos la trayectoria de una manera mucho más activa que esta vez, que también ha sido emocionante», recuerda. Pero el establecimiento también vivió una jornada difícil de olvidar lejos del deporte. Durante la etapa en la que el local funcionó como punto de venta de Lotería, el 22 de diciembre de 2024 repartió más de 200 décimos agraciados con el cuarto premio del Sorteo Extraordinario de Navidad, convirtiéndose por unas horas en uno de los lugares más felices de Santa Eulària. Aunque Ibiza ha cambiado profundamente en las últimas décadas y la población extranjera ha crecido de forma notable, el perfil de la clientela del bar Pascual continúa reflejando el carácter vecinal con el que nació. «El 90% son españoles, tanto ibicencos como andaluces y de todos los lugares de España», explica Pascual. A ese público habitual se suma un importante grupo de residentes extranjeros, especialmente alemanes que viven durante gran parte del año en la urbanización Siesta. La convivencia entre todos ellos forma parte de la identidad del establecimiento y también deja escenas curiosas. «La mayoría ya han aprendido a pedir en castellano, ¡aunque les ha costado!», comenta entre risas. Dos décadas después de levantar la persiana por primera vez, Pascual y Pepi siguen defendiendo el mismo modelo con el que comenzaron: un bar sin artificios donde el trato personal pesa tanto como el café, la cerveza o el aperitivo. Un lugar donde, como resume el propio Pascual, el cliente acaba encontrando mucho más que un camarero al otro lado de la barra.

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