Síguenos F Y T I T R
Hoy es noticiaEs noticia:

Caza de la paloma torcaz, una plaga que castiga al campo de Ibiza

La caza de la torcaz contra una plaga que castiga al campo. | Vídeo: Toni P.

|

La proliferación de la paloma torcaz (Columba palumbus) se ha convertido en una de las principales preocupaciones del campo ibicenco. Lo que hace apenas unos años era una especie relativamente escasa ha dado paso a una población cada vez más numerosa, favorecida por la abundancia de alimento y la ausencia de depredadores naturales. El resultado son importantes daños en cultivos de almendros, higueras, viñas, cereales, huertas e incluso aguacates, una situación que ha llevado al Consell d'Eivissa a autorizar un periodo extraordinario de control cinegético para reducir su población.

Juan Antonio Ribas, Dominguet, y Toni Roig, Malacosta, son dos de los cazadores que están participando en este control poblacional. Durante las tres últimas semanas han dedicado buena parte de su tiempo libre a esta modalidad cinegética, convencidos de que su afición contribuye también a aliviar la presión que sufre el sector agrícola.

«Podemos cazar los jueves y los domingos pero, como la mayor parte de los cazadores trabajamos, especialmente en verano, venimos los domingos. El primer día cazamos 77 ejemplares y el segundo 55», explica Malacosta, que este domingo abatió alrededor de cuarenta torcaces entre las sesiones de mañana y tarde. «Por la mañana he estado desde las 7.30 hasta las 9.00 horas y por la tarde desde las 14.00 hasta un poco más tarde de las 17.30. Son las horas en las que más se ven. No sé la razón, pero a otras horas apenas aparecen».

La jornada transcurre en silencio, interrumpido únicamente por el estruendo de los disparos y el incesante canto de las cigarras. Bajo un calor sofocante, los cazadores permanecen inmóviles durante horas esperando el paso de las aves. La sesión de este domingo tuvo lugar junto al paso del torrente de Labritja, por la finca conocida como Feixa de ses Graves, entre Sant Llorenç y Sant Carles.

Dominguet dedicó únicamente la tarde a la caza y, en poco más de dos horas, abatió 25 ejemplares. Refugiado bajo la sombra de un algarrobo frente a una explanada segada, colocó varios reclamos —réplicas de torcaces posadas sobre el suelo que atraen a las aves que sobrevuelan la zona— para aumentar las posibilidades de éxito. Además de la escopeta, asegura que las herramientas imprescindibles para esta modalidad son mucho más sencillas: «Una buena sombra, una buena silla y paciencia».

Ambos coinciden en que la expansión de la especie ha sido espectacular en apenas unos años. «Antes era muy extraño, casi un acontecimiento, encontrarte con una torcaz. Ahora hay miles por todas partes», explica Dominguet. Aunque asegura que durante diciembre y enero la población disminuye porque parte de las aves migratorias regresan al continente europeo, el alivio dura poco. «En febrero ya se están comiendo las almendras; después llegan los brotes de los árboles... ¡Se comen hasta los aguacates! Luego vienen los guisantes, los cereales... Tienen comida durante todo el año y llegan a criar hasta tres veces».

Los cazadores defienden que la actividad cinegética constituye una herramienta de gestión imprescindible para contener una especie que, a su juicio, ha encontrado en Ibiza un entorno ideal para multiplicarse sin apenas limitaciones.

Pero la jornada no termina con las capturas. Las piezas también tienen un importante aprovechamiento gastronómico. «Hay cocineros de mucho nivel muy interesados en esta carne. Ya hemos organizado alguna cena y preparan platos verdaderamente espectaculares. Con arroz está deliciosa y las hamburguesas hechas con la pechuga son una maravilla», asegura Dominguet.

Malacosta coincide y revela su preparación favorita: dejar macerar las pechugas durante varias horas únicamente con aceite de oliva y pimienta antes de cocinarlas, una receta sencilla con la que, asegura, se aprecia todo el sabor de una carne cada vez más valorada por los aficionados a la cocina de caza.

Con las escopetas ya descargadas y los reclamos aún repartidos sobre la explanada, los cazadores hacen balance de la jornada. Las cifras de capturas son solo una parte de la historia. Para ellos, cada torcaz abatida supone un pequeño alivio para unos cultivos que, año tras año, sufren con mayor intensidad la presión de una especie que ha encontrado en Ibiza un lugar idóneo para multiplicarse. Un problema que, agricultores, cazadores y administración coinciden en que requiere un control constante.

1 comentario

user Albertalbero | Hace 3 horas

en el video parece que le hayan dado al cazador en vez de a la paloma

Lo más visto