La misa por el día del patrón de Ibiza, Sant Ciriac, en el que se rinde homenaje a la conquista catalana del 8 de agosto de 1235 empezaba cuando apenas pasaban unos minutos de las diez y media de la mañana. La Catedral de Ibiza presentaba una gran afluencia de feligreses, aunque algo menos que el día de Santa María. No era para menos, pues el calor abrasaba en la subida por las empinadas calles de Dalt Vila, algo que no impidió que se llenaran todos los bancos para escuchar los cánticos del Cor Amics de sa Música y la misa oficiada por el obispo de la Diócesis de Ibiza y Formentera, Vicent Ribas, que se extendió por algo más de una hora y media.
A las doce del mediodía comenzaban a repicar con fuerza las campanas, señal de que iba a comenzar la procesión que iba a trasladar la actividad desde la Catedral hasta el Ayuntamiento de Ibiza. Pero justo antes, el obispo volvía a lanzar un discurso final que se ha convertido ya en casi lo más esperado de la ceremonia tras lo sucedido el día de Santa María cuando cargó contra Paradores por no abrir su ascensor al público.
En esta ocasión Ribas, ante la atenta mirada de todas las autoridades, incluida la presidenta del Govern, Marga Prohens, ponía en valor las obras que se han llevado a cabo para restaurar la Catedral, pero señalaba que todavía quedaba la torre: «No nos gustaría que lo primero que se ve cuando subes a Dalt Vila, que es la torre de la Catedral, se cayera. Es patrimonio de la Iglesia, pero patrimonio de todos también», aseguraba, antes de recordarle al Ayuntamiento de Ibiza que el correcto funcionamiento del reloj «es cosa suya» y hacer un pequeño chascarrillo sobre el ascensor del Parador.
Aprovechando precisamente la presencia de todas las autoridades, Ribas recordó que es obispo de una diócesis de dos islas «y la iglesia de Sant Francesc está deteriorada en su exterior y necesita una reforma», aseguró, para añadir con cierta sorna que «justo este año cumple su 300 aniversario, y creo que sería un buen momento».
La procesión
Con las palabras del obispo concluía la misa y los feligreses comenzaban a salir del tempo, mientras los representantes de todas las parroquias de la isla se preparaban para salir en procesión, con sus estandartes en todo lo alto y Sant Ciriac siendo portado por cuatro representantes de la Cofradía del Cristo Yacente. A las afueras del templo, el objeto más codiciado eran las botellas de agua que se repartían, necesarias en un día como este.
Con la colla de ball pagès de la Federació de Colles de Ball y su música encabezando la procesión, esta comenzaba a descender en un recorrido corto pero marcado por el abrasante calor del mediodía que se hacía todavía más presente en las estrechas callejuelas empedradas de Dalt Vila, en las que se acumulaban decenas de personas en escasos metros.
Así transcurría la procesión sin mayor incidente que algún estandarte de las parroquias enganchándose en el cableado de las callejuelas. Como no podía ser de otra manera, la procesión se detenía frente a la Capilla de Sant Ciriac, ubicada en el lugar a través del cual se supone que las tropas catalanas atravesaron las murallas. A la que el Coro regresaba con sus cantos, la presidenta del Govern aprovechaba para acercarse al obispo para comentarle, quizás, algo relacionado con el final de su discurso.
Una vez retomado el paso, se llegaba al mirador del Ayuntamiento de Ibiza, donde esperaba una pequeña comitiva ataviada con estelades que posteriormente realizarían su propio homenaje a Guillem de Montgrí.
Homenaje al conquistador
Los encargados de homenajear al conquistador de Ibiza, Guillem de Montgrí, fueron Vicent Marí y Marga Prohens, quienes colocaban una corona de laurel a los pies del monumento al arzobispo electo de Tarragono y promotor de la conquista en 1235, reproducción del sarcófago de su tumba situada en la Catedral de Girona. A continuación, el alcalde de Ibiza, Rafa Triguero, y el presidente del Consell de Formentera, Óscar Portas, colocaban un gran ramo de flores. Tras doce fuertes salvas que llenaban el ambiente de pólvora, los asistentes se dirigieron al interior del Claustro del Ayuntamiento para continuar con la parte más institucional del acto, el discurso del presidente del Consell d’Eivissa, Vicent Marí.
Los políticos hacen más fotos que hechos.