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«Siempre que vengo a Ibiza voy a ver la puesta de sol»

El sunset sigue siendo una de las imágenes más buscadas en toda la isla

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Cada tarde, cuando el sol desciende hacia el horizonte desde el puerto de Sant Antoni, centenares de personas acuden a contemplar de primera mano como el cielo se tiñe de naranjas, rosas y dorados. No es casualidad que generaciones de turistas y residentes regresen, año tras año, a esta misma hora a este mismo lugar. La puesta de sol desde Sant Antoni de Portmany se ha convertido, desde hace tiempo, en una de las imágenes más características del imaginario de la isla de Ibiza.

También en septiembre

Aunque julio y agosto hayan quedado atrás, el flujo de personas hacia Sant Antoni no se detiene. A principios de septiembre, la costa sigue rebosante de gente que busca capturar ese momento fugaz del atardecer. Ocupan los comercios con vistas al puerto, se sientan en las terrazas, pasean por la zona, trepa sobre las rocas que bordean la costa, se agolpan en el paseo colindante. Y muchos lo contemplan desde el agua misma: embarcaciones, barcas y gente nadando en el mar, todos sumados a la experiencia de presenciar cómo el día muere.

No todo es paz espiritual, sin embargo. Algunos grupos arriban con la música a todo volumen, un sonido que contrasta bruscamente con quienes buscan la contemplación silenciosa. La música invade el espacio, molesta, compite con el sonido de las olas.

Este domingo parecía que las nubes iban a entorpecer es espectáculo, cubriendo justo la puesta de sol, tiñendo el cielo de naranjas y rojos que tiñen el horizonte de una belleza contenida, casi más intensa por su brevedad. Sin embargo, justo respeta la puesta de sol, que hace que los asistentes rompan en un aplauso cuando este finalmente se despide, a las ocho y cuarto de la tarde.

Los espectadores

Para Tania, volver a Ibiza, una isla de la que se marchó, supone siempre volver a ver esta puesta de sol «que es uno de los lugares más mágicos y que se ha convertido en una tradición. Siempre ha sido algo mágico para la gente que nos hemos criado aquí»

Sophia y Ala, en cambio, son dos hermanas provenientes de Gales que han acudido a ver la puesta de sol por el cumpleaños de su madre: «hemos venido aquí porque nos gustan las vistas y poder escuchar la música, pero también hacernos fotos con la puesta de sol de fondo».

Para Sofía, una mujer Argentina, la puesta de sol de Sant Antoni va mucho más allá del sol cayendo «este sitio se llena de gente para disfrutar de unas vistas hermosas, pero también de una buena vibra y un muy buen ambiente del cual nos gusta disfrutar a todos y lo convierten en una experiencia».

Recurso turístico

La costa occidental de Ibiza ha sido tradicionalmente el escenario privilegiado para estas contemplaciones. Desde el puerto de Sant Antoni, rodeado de bares y restaurantes con vistas al mar, miles de personas se reúnen en las últimas horas de la tarde. Pero Sant Antoni no es el único punto de peregrinación. La costa de Sant Josep, con sus acantilados y calas, se abarrota durante los meses de verano con quienes buscan una experiencia más íntima del atardecer. Hacia el norte, la playa de Cala Conta brinda una vista espectacular en las tardes de primavera y verano, cuando el sol desciende prácticamente frente a la costa. En otoño, lugares como Ses Salines o la costa más meridional ofrecen perspectivas igualmente cautivadoras, con menos aglomeración de gente.

Es un motor económico que mueve bares y restaurantes, especialmente en temporada alta, cuando el puerto de Sant Antoni se llena de mesas y sillas ocupadas por quienes desean capturar ese momento antes de que oscurezca. La costa de Sant Josep experimenta una saturación similar durante los meses estivales, con playas y miradores repletos de cámaras y teléfonos móviles.

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