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Ibiza dice adiós a un verano marcado por un calor «brutal» e «insoportable»

En el último día del verano, residentes y trabajadores de temporada hacen balance de unos meses en los que las altas temperaturas y la humedad han condicionado desde las rutinas diarias hasta el trabajo y los momentos de ocio

Imagen de la playa de ses Figueretes. | Foto: Odile Ana

| Ibiza |

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El verano llega hoy a su fin y en Ibiza deja una sensación compartida entre buena parte de quienes lo han vivido en la isla: ha hecho mucho calor. «Tremendo», «insoportable», «intenso», «brutal» o «duro» son algunas de las palabras que utilizan residentes y trabajadores para describir una temporada en la que las altas temperaturas y la humedad han terminado condicionando horarios, trabajo, ocio e incluso las salidas a la playa.

Áurea Corral no duda al echar la vista atrás. «Tremendo, tremendo», responde cuando se le pregunta cómo definiría estos últimos meses. Asegura que no recuerda haber pasado tanto calor y que buena parte de su estrategia para combatirlo ha consistido en recurrir al aire acondicionado y mantener las habitaciones cerradas durante las horas de mayor temperatura.

Aurea Corral.

Una sensación similar comparte María Rumbo, que resume su verano de manera todavía más contundente: «Para mí, fatal». El calor le ha resultado «insoportable» y considera que este año ha sido especialmente intenso. Sus salidas se concentraban a primera hora de la mañana o por la tarde, evitando siempre que podía las horas centrales. A las temperaturas se sumaba además la humedad. «Salía a las ocho de la mañana de casa y me notaba la camiseta pegada», recuerda.

También Sandra Nolet considera que ha sido un verano «muy caluroso, más que nunca». Tanto que ha tenido que dejar para más adelante parte de los planes que había reservado precisamente para sus vacaciones, entre ellos algunos trabajos de bricolaje. «A la sombra todo lo que he podido», resume. Su conclusión para próximos años pasa por reorganizarse: aquello que antes dejaba para el verano quizá tendrá que hacerlo en otra época.

Para Nicolás Pacheco, argentino procedente de la Patagonia y acostumbrado a temperaturas mucho más bajas, esta segunda temporada en la isla también ha resultado especialmente calurosa. Trabajar de noche le ha permitido sobrellevar mejor las temperaturas, pero durante el día redujo considerablemente sus planes. Incluso ir a la playa dejó de ser una buena opción. Recuerda jornadas en las que ni siquiera bajo la sombrilla conseguía escapar de la sensación de calor.

Después de 40 años viviendo en Ibiza, Héctor Fagiani tampoco recuerda fácilmente un verano como este. «Mal», responde cuando se le pregunta cómo lo ha vivido. Las altas temperaturas llegaron a resultarle tan difíciles de soportar que durante agosto decidió marcharse unos días en busca de un clima más fresco. El destino fue Galicia, donde, al menos por las noches, encontraba el descanso que echaba de menos en la isla. La experiencia incluso le ha llevado a bromear con la posibilidad de trasladarse allí si los próximos veranos siguen la misma tendencia.

Héctor Fagiani.

El calor también frena una heladería

Las temperaturas no solo han cambiado las rutinas personales. Leonardo Sarro, al frente de una heladería y residente en Ibiza desde hace 35 años, define el calor de este verano como «brutal». Y aunque podría parecer que unas temperaturas elevadas son buenas noticias para un negocio de helados, su experiencia ha sido precisamente la contraria durante determinadas horas.

«De doce a cuatro de la tarde no se movía nadie», explica. El calor era tan intenso que turistas y residentes evitaban salir a la calle y eso terminaba repercutiendo también en las ventas. «Yo tengo una heladería: cuanto más calor hace, más debería vender, pero no», señala. Incluso las playas, asegura, se vaciaban en algunos momentos de máxima temperatura.

No todo el mundo, sin embargo, despide el verano con la misma sensación. Mario Cano pertenece al pequeño grupo que lo ha disfrutado sin demasiadas quejas. «Para mí, muy bien. Estupendo, me encanta el calor», asegura. Acostumbrado también a los inviernos de Guadalajara, donde las temperaturas pueden caer ampliamente bajo cero, afirma adaptarse sin problemas a cada estación: cuando toca calor, calor; y cuando llegue el frío, también será bienvenido.

Mario Cano.

Entre ambos extremos se sitúa una residente francesa que lleva 17 años en Ibiza y que define estos meses como «intensos», especialmente por la combinación de temperatura y humedad. Trabajar en espacios climatizados le ha facilitado las jornadas, aunque entrar en un coche que ha permanecido al sol y encontrarse temperaturas cercanas a los 47 grados ha sido otra historia. Hidratación y varias duchas al día han formado parte de su particular receta para sobrellevarlo.

Con septiembre avanzando y unas temperaturas algo más llevaderas, Ibiza deja atrás un verano que, para muchos de los entrevistados, será difícil olvidar. El calor y la humedad han marcado una estación en la que adaptar horarios, buscar la sombra o directamente quedarse en casa se ha convertido en parte de la rutina diaria.

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