24 horas después de iniciado el desalojo del asentamiento de Ses Feixes d’es Pratet, dos excavadoras limpian el terreno de maleza y cañas. Las chabolas y las tiendas de campaña aún siguen en pie. Quienes vivían allí hasta el martes no han terminado de sacar sus cosas y el propietario del terreno les ha permitido un margen de tiempo para hacerlo. En cuanto acaben, la idea es dejar aquello limpio.
La explicación la ofrece el responsable de la empresa que está llevando a cabo esta operación. Asegura que ninguna de las personas que vivían en el campamento ha puesto oposición a la orden de salida.
Algunos de ellos aún están dentro. Otros se han desplazado tan solo unos metros para conseguir un nuevo lugar en el que instalarse. Es el caso de Jesús, ecuatoriano de 68 años, que habla con Periódico de Ibiza y Formentera mientras mueve palets de un lado al otro para levantar su nueva chabola.
Lleva 27 años en Ibiza. Su última vivienda normal fue un piso en la calle Extremadura. No quiere explicar por qué ha acabado en un asentamiento ilegal: «Me ha tocado esto. Antes vivía en la calle Extremadura, en un piso compartido». Acabó en el asentamiento de Sa Joveria y, tras el desalojo de mayo, trasladó sus pertenencias a Ses Feixes. «Yo necesito tranquilidad unos meses», asegura, «y luego ya cobraré la jubilación. He estado trabajando siempre en la construcción pero ahora estoy enfermo».
Falta de limpieza
En el interior de Ses Feixes, se levantan otras chabolas. En una de ellas vive Salek. Se presenta como «saharaui, de los campamentos de refugiados del Tinduf». Habla perfectamente español porque, cuenta, vivió varios años acogido por una familia española en un pueblo de Huelva. Se muestra preocupado por la llegada de los residentes en el asentamiento ya desalojado. Sobre todo porque cree que el desalojo obedece a la falta de limpieza. En esta zona, buena parte de la basura que había días atrás ha desaparecido.
«Tienen razón en el desalojo», explica, «yo entré allí una vez y había mucha basura. La gente puede estar en la situación de tener problemas para alquilar pero eso no justifica la basura».
Salek muestra cómo él y sus vecinos tienen toda la basura «en bolsas» que, según explica, sacan cada noche al contenedor. Admite que viven «un poco escondidos» y explica por qué: «Vivimos un poco escondidos pero tranquilos. La isla es turística y sabemos que esto da mala imagen. Yo estoy de acuerdo en eso con el Ayuntamiento. No se puede vivir así».
A sus 36 años, Salek explica que lleva cuatro meses viviendo en Ibiza y que vino por trabajo. Antes estuvo en Jaén para la campaña de recogida de aceituna pero «de cuatro meses fueron solo 15 días por culpa de la lluvia». En la isla, ha estado trabajando «de friegaplatos hasta hace 20 días» y ahora está esperando para reengancharse «a la obra».
Su experiencia en el asentamiento no es precisamente positiva. Y deja claro que no tiene nada que ver con vivir en un campamento de refugiados saharaui: «Aquí hay ratas, humedad, agua… Por la noche es muy difícil».
El propietario del terreno se reunió con él y otros residentes en la zona. Les dijo, según explica Salek, «que su madre estaba en el hospital y que él no tenía dinero para limpiar esto». Le pidieron unos meses para buscar una solución. No ha vuelto. Tampoco lo ha hecho Cruz Roja, cuyos voluntarios visitaron también un día el asentamiento. La Policía Local, añade el saharaui, lo ha hecho en dos ocasiones. Una para coger los datos de quienes están allí y otra para marcar las chabolas con números.
«Causan muchas molestias»
Segundo Garrido es vecino de Es Pratet. Ya no saca a su perra a pasear por las noches por el camí de Can Murtera, que casi ha desaparecido entre la maleza. Lo sigue haciendo por el día pero no se siente seguro. «Están causando muchas molestias», denuncia al preguntarle por los asentamientos, «no se puede ya pasear por el camino por la noche. Yo ayer me tuve que salir. No nos fiamos».
«Yo no soy racista», deja claro Garrido, «pero hay que ver lo que hay ahí. Creo que hay que desalojar todo. Deberían limpiarlo y el camino tendría que volver a estar como estaba antes».
La presidenta de la Asociación de Vecinos de Es Pratet, Carmen Cárcel, lamenta que el desalojo de un asentamiento tenga como consecuencia el crecimiento del de al lado. «Los vecinos están muy preocupados porque creían que se iba a desalojar todo», relata. También lamenta que el Ayuntamiento de Ibiza le comunicara que el problema estaba en vías de solución cuando no parece que sea así. «Hoy (por el miércoles) no ha venido ni policía. Ayer, al menos, hubo dos policías locales. Pero hoy no hay ni uno», relata, «no se puede trabajar así».
Cuidado y mantenimiento
Cárcel tiene claro que las cosas en este humedal protegido como Bien de Interés Cultural (BIC) por parte del Consell de Ibiza deben cambiar. «Nosotros pedimos un mínimo cuidado y mantenimiento», concluye, «no se trata de hacer algo y luego abandonarlo, como ha pasado con el camí de Can Murtera. Ses Feixes son un pulmón verde de la ciudad y, si se cuidan, no se llega a esto. Hay que sacar todo lo que hay ahí. Limpiar, vigilar y mantener».
El Ayuntamiento de Ibiza, por su parte, ha declinado hacer declaraciones sobre lo sucedido en Ses Feixes: «No va a haber en principio nuevas declaraciones».
El trasiego de personas por el camí de Can Murtera es escaso pero constante durante la mañana de este miércoles. Casi todos son residentes en los asentamientos. Tres hombres llaman la atención mientras se mueven en el entorno de la antigua ruina de Can Murtera, donde hoy viven, según cuentan los vecinos, varias personas con problemas de adicciones. No quieren hacer declaraciones y se limitan a explicar que están revisando la casa para proceder al desalojo. Uno más en la ciudad.
Ya lo comentsbamso, en Valencia y otras ciudades de esta empezando a ver asentamientos de chabolas. Esto está para quedarse e irá a más. Es la nueva realidad social española.