Han tenido que pasar 113 años para que los protagonistas de una de las historias de salvamento más recordadas de Santa Eulària recibieran un reconocimiento institucional. Este miércoles, los descendientes de los marineros y pescadores que en enero de 1913 se hicieron a la mar en plena noche y con temporal para auxiliar a los ocupantes del Vapor Mallorca han recibido una metopa conmemorativa en recuerdo de la actuación de sus antepasados.
El homenaje se ha celebrado en la terminal de pasajeros de es Botafoc y ha reunido a representantes de la Administración General del Estado, la Marina Mercante, Salvamento Marítimo y la Autoridad Portuaria de Baleares, además de familiares de algunos de los pescadores que participaron en aquel rescate. El acto ha estado presidido por el delegado del Gobierno en Baleares, Alfonso Rodríguez Badal, y ha contado con la participación de Ana Núñez Velasco, directora general de la Marina Mercante; José Luis García Lena, director de Salvamento Marítimo, y Alberto del Pino Rivera, delegado de la Autoridad Portuaria de Balears.
El reconocimiento ha servido también para poner en valor la continuidad en el tiempo de una misma idea: el auxilio a quienes se encuentran en peligro en el mar. Los responsables de Salvamento Marítimo han reivindicado así el vínculo entre aquella actuación de los vecinos de Santa Eulària y la labor que actualmente desarrolla el servicio de salvamento marítimo.
Una noche de temporal
La historia se remonta al 17 de enero de 1913. El Vapor Mallorca, que cubría la línea entre Palma y Alicante con escala en Ibiza, navegaba hacia la isla en medio de unas condiciones meteorológicas adversas. Según la reconstrucción realizada por el historiador David Ribas, el barco había salido de Palma con 73 pasajeros y 42 tripulantes y, después de una travesía complicada por el temporal, se aproximó a la costa de Santa Eulària.
Ya de noche, con lluvia intermitente y muy poca visibilidad, el buque se acercó demasiado a la costa y acabó chocando contra la Llosa de Santa Eulària, un bajo que entonces no estaba señalizado. El impacto provocó una vía de agua y el barco quedó embarrancado. La situación era especialmente delicada porque los medios de salvamento de la época eran muy limitados.
Las señales de auxilio llegaron hasta Santa Eulària y varios pescadores y marineros del municipio decidieron salir al mar con sus pequeñas embarcaciones. La operación se desarrolló en plena oscuridad, con frío, lluvia y fuerte oleaje.
Los pescadores consiguieron poner a salvo a los ocupantes del vapor. La documentación municipal señala que las aproximadamente 120 personas que se encontraban a bordo pudieron ser desembarcadas sin que se produjeran desgracias personales. Aquella noche, además, los vecinos de Santa Eulària acogieron y atendieron a los náufragos.
Una deuda pendiente
Carmen Tur, biznieta de Toni Marí de Can Vaca y una de las principales impulsoras de este homenaje, resume el sentido de este reconocimiento con una frase: «No hay tiempo que no caduque ni deuda que no se pague». Para Tur, esa deuda ha tardado «113 años» en saldarse.
«Pese a que era una noche muy mala y de temporal, los pescadores salieron con sus pequeñas embarcaciones para rescatar a esa gente», ha recordado. Tur ha destacado además que aquellos pescadores, pese a sus escasos recursos, acogieron a los náufragos y compartieron con ellos lo poco que tenían.
«No se les ha reconocido jamás», ha lamentado. Según ha explicado, en los años posteriores se organizaron comidas a las que acudieron autoridades, pero los pescadores no recibieron entonces el reconocimiento que, a su juicio, merecían.
La memoria
Para los descendientes, el homenaje de este miércoles en Ibiza tiene también un componente de memoria familiar. Joan Marí, nieto de Joan d'es Savinar, ha explicado que su abuelo vivía en Cala Pada, era pescador y había construido él mismo su propia barca. «Hubiera sido bonito que este reconocimiento se hubiera hecho años atrás, ya que ahora no queda ninguno de los que participaron en ese rescate», ha señalado.
Maria Ramon Marí, nieta de Jaume 'Rosa', ha contado que su abuelo acudió al rescate con su barca Teresa, con la que habitualmente pescaba gerret. Ella apenas conserva recuerdos de él, ya que murió cuando tenía tres años, y explica que durante mucho tiempo el episodio tampoco formó parte de las conversaciones familiares. «Me enteré de los hechos en el colegio por la placa que hay delante del Ayuntamiento», ha relatado.
Por eso considera especialmente importante que el episodio se siga contando. «Estoy muy contenta de que, aunque ya hayan pasado muchos años, ahora se recuerde todo lo que hicieron para que la gente joven sepa lo que ocurrió, que forma parte de la historia de Ibiza».
Más de un siglo después de aquella noche de enero de 1913, los nombres de aquellos pescadores han vuelto a ser pronunciados en un acto oficial. Ellos ya no podían estar presentes: habían nacido en el siglo XIX y todos habían fallecido hacía décadas. Han sido sus descendientes quienes han recogido este miércoles, en su nombre, una metopa que pretende cerrar una deuda histórica abierta aquella noche en la Llosa de Santa Eulària.
No tiene mucho sentido agradecer a estas personas por algo en lo que no participaron y que ni siquiera habían nacido entonces. Uno de mis abuelos fue voluntario en la División Azul, un hombre valiente que luchó por la libertad de España y contra los judeo-bolcheviques. ¿Tendría sentido que me regalarán ahora a mí una medalla por los actos de valor de mi abuelo? Evidentemente que no, y lo mismo se puede decir de esta buena gente. Si tan agradecidos estuvieran con la proeza de los héroes del Vapor Mallorca, no hubieran desplazado el monumento que regaló en su día el Ayuntamiento de Palma al pueblo de Santa Eulalia del centro (lugar principal) de la plaza del ayuntamiento, a un lateral, en una esquina, metida en una jardinera.