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La odisea de aparcar en sa Capelleta: «Acceder a Ibiza debería costar más de 10 euros al día»

Los vecinos de Vía Romana y Vía Púnica denuncian las dificultades para aparcar en el barrio

La Vía Púnica con todas las plazas de la zona azul ocupadas a media mañana. | Foto: Gisela Revelles

| Ibiza |

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Los residentes en las calles Vía Romana y Vía Púnica de Ibiza sufren cada día la falta de aparcamiento en este barrio, conocido como sa Capelleta. A pesar de que pagan cada año 90 euros por los estacionamientos de la zona azul, lo normal, cuentan, es que tarden cerca de una hora en encontrar dónde dejar el coche. «Yo pago ese dinero y no hay manera de aparcar», cuenta Pilar Ribas, residente en la zona, «menos mal que tengo paciencia».

Ribas explica que aparcar hoy en la Vía Púnica es más difícil que nunca. La entrada a un garaje, las plazas reservadas durante determinadas franjas horarias para una guardería y las obras que se están llevando a cabo en la fachada de uno de los edificios dificultan la misión de dejar el coche, según relata. «Y tienes también los aparcamientos de las motos», añade indignada, «en la Vía Romana hay los mismos problemas». A veces busca aparcamiento en el estacionamiento ubicado junto al parque Reina Sofía pero tampoco es fácil a pesar de que «es de pago».

«Hay días que he llegado a estar una hora de reloj dando vueltas para poder aparcar», insiste, «es un milagro si encuentras plaza antes». En su opinión, el Ayuntamiento «no debería dejar entrar a tanto coche en el barrio». Un barrio ubicado al lado del paseo de Vara de Rey y del puerto, lo que lo convierte en destino de turistas que también buscan dónde dejar el coche cuando van a visitar el casco histórico.

«Esto tendría que ser como Puig des Molins, que solo tienen acceso los residentes», explica esta vecina de sa Capelleta, «o como en Dalt Vila. Lo que está claro es que el Ayuntamiento tiene que hacer algo. En verano no hay forma de aparcar. Das vueltas y vueltas. Esto es un problema muy grave para los que vivimos aquí. No sé qué tiene que hacer el Ayuntamiento porque yo no soy política, pero está claro que tienen que buscar una solución».

En una cafetería, Jesús Navas, también vecino del barrio, se pronuncia del mismo modo. Al igual que Pilar Ribas, paga religiosamente 90 euros anuales para poder tener acceso a las plazas de zona azul pero, asegura, cada vez es más complicado. «En verano es imposible, sobre todo por la noche, porque hay muchos turistas», denuncia. En su caso, suele recurrir al aparcamiento de es Soto cuando se cansa de dar vueltas: «Ahí tardas menos en encontrar ‘parking’ porque los turistas van y vienen».

Jesús Navas es vecino de sa Capelleta.

Navas cree que el problema se ha agravado en los últimos años. Y no solo por los turistas. El desembarco de trabajadores para la temporada antes de Semana Santa es casi el pistoletazo de salida para la lucha por la plaza de aparcamiento en sa Capelleta. «Para aparcar aquí solo puedes hacerlo tranquilo entre las 6:00 y las 8:00 de la mañana», lamenta este vecino, «por las noches es tan difícil como aparcar en Figueretes».

Para Navas, la solución al problema que sufren los residentes con coche y moto en Vila «no es, desde luego, quitar más plazas de aparcamiento». Y añade: «Tienen que poner más sitios donde aparcar. Por ejemplo, en la zona de la Comandancia. El centro está muy cotizado y es una locura. Yo he tenido que aparcar alguna vez la moto en Los Molinos. Esta semana, con el concierto de Solomun en el puerto, fue lo peor. Yo decidí coger la moto para no arriesgarme y estuve una hora buscando sitio. No es normal».

Andrea Nezzo es repartidor. Junto a un compañero, descarga garrafas de agua en una zona de carga y descarga de la Vía Púnica. Asegura que ellos no tienen normalmente problema precisamente porque existen estos espacios reservados para los vehículos de reparto. Pero no siempre es así: «Tenemos carga y descarga. Pero a veces está petado de coches. De todos modos, la situación es más o menos igual en toda la ciudad». Prefiere no decir si cree que Ibiza necesita más aparcamientos porque, admite, no reside en la capital: «La verdad es que no sé si hace falta».

Andrea Nezzo, repartidor, junto a un compañero.

Susan Patricia Dikins vive en la Vía Romana. Cuenta en un mensaje que «encontrar aparcamiento se ha convertido en una auténtica odisea». En esta calle se encuentra la Policlínica Nuestra Señora del Rosario, que «ocupa, lógicamente, una parte importante de la calle debido al acceso de ambulancias y servicios de urgencias». A esto se suman «los vehículos de pacientes que acuden a consultas, familiares de personas ingresadas y trabajadores de la propia clínica, que también necesitan aparcar».

Dikins recuerda que, además, esta calle es «uno de los accesos a Dalt Vila a través del Portal Nou, utilizado diariamente por numerosos visitantes y turistas». En el entorno se encuentran el parque Reina Sofía, el Museo Arqueológico, la sede de la UNED, el colegio La Consolación, la Escuela de Idiomas y el Consell. «Si añadimos contenedores, plazas para vehículos eléctricos, plazas reservadas para personas con discapacidad, carga y descarga y zonas cerradas por obras, la pregunta es inevitable: ¿qué espacio queda realmente para quienes vivimos aquí?», se pregunta. Y también qué sentido tiene pagar anualmente 90 euros por acceder a una plaza de la zona azul si estas siempre están ocupadas.

«Cuando una calle soporta una concentración tan alta de servicios públicos, visitantes y usos reservados, debería contemplarse alguna medida que garantice también un mínimo de aparcamiento para sus residentes», concluye, «una posible solución sería reservar una zona exclusivamente para los residentes de Vía Romana y las calles más afectadas, siguiendo un sistema similar al implantado en Los Molinos».

La última persona de este reportaje prefiere no identificarse. Conoce muy bien el problema de la falta de aparcamiento en la ciudad y los motivos. Y apunta una solución llamativa. En su opinión, en Ibiza sobran coches. Además, afirma, «mucha gente no mueve el suyo por miedo precisamente a no encontrar después dónde aparcar». «Prefieren moverse caminando, en moto, en bici y hasta en patinete», asegura, «y es normal porque ya ni los turistas encuentran sitio». Considera que «hay demasiados coches y demasiadas motos». Estas últimas, «aparcan muchas veces en zona azul a pesar de que no pueden hacerlo y la Policía Local les puede multar».

«Aquí la única solución ya es no dejar entrar tantos coches en la ciudad o, al menos, en esta zona», afirma. Y es que, recuerda, «los turistas pagan solo un euro al día por llegar con sus coches a la isla y eso es una cantidad irrisoria», en referencia a la tasa que han de abonar por la ley de limitación de acceso de vehículos. «Si tuvieran que pagar 10 o 20 euros, que sería lo suyo, el problema que tenemos en verano con la falta de aparcamientos sería menos grave».

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1 comentario

cuervo cuervo | Hace 2 horas

Hacer zona restringida es justamente imposible por la clínica, colegios, guardería, museo, etc. Pero el ayuntamiento podría hacer que toda la zona sea reservado el parking para residentes. Y el colegio debería hacer algo con los horarios de salida... A las horas clave, eso es un caos, con padres y niños desbordando de la acera, por más que han puesto unas vallas, siempre hay personas por fuera de estas invadiendo la calzada y poniéndose en peligro y estorbando el paso, junto con los padres, que deciden esperar a sus hijos "justo" en la puerta... Lo que hace pasar por allí una odisea.

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