Con el solemne 'Himne dels Beats Màrtirs d´Eivissa i Formentera', comenzaba este sábado la histórica ceremonia religiosa en la que 20 sacerdotes ibicencos fueron beatificados. El cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio de las Causas de los Santos y representante del Papa León XIV, presidió este importante acto eclesiástico celebrado en la Catedral. Entre los asistentes se encontraban familiares de los nuevos beatos, así como la presidenta del Govern, Marga Prohens, entre otros responsables políticos.
El llamado 'Postulador de la causa' llevó a cabo una breve reseña biográfica de Juan Torres y del resto de sacerdotes asesinados. Posteriormente, la ceremonia continuó con la lectura de la Carta Apostólica firmada por el Papa León aprobando la inscripción en el libro de los Beatos de los párrocos ibicencos.
Entre aplausos y con cánticos de alabanza al Señor, fue descubierto entonces el retablo que desde ahora lucirá en la Catedral con la imagen de los 20 mártires. Otro emotivo momento de la ceremonia fue cuando en una urna de plata se llevaron hasta el altar las reliquias de dos de los sacerdotes asesinados: Joaquín Cirer Sala y Antonio Tur Costa.
Durante su homilía, el cardenal Semeraro destacó que «seguir a Cristo significa estar dispuestos a dar testimonio de Él, incluso cuando ello implique un alto precio».
Según comentó, la palabra 'mártir' significa 'testigo' y «el mártir no es aquel que busca la muerte, sino aquel que no reniega de Cristo ni siquiera cuando la fidelidad al Evangelio lo expone a la muerte».
El obispo de la Diócesis pitiusa, Vicent Ribas, quiso agradecer a quienes han trabajado para que llegara este día recogiendo testimonios y documentación dentro del largo proceso de la causa iniciada años atrás. También mencionó a los familiares de los nuevos beatos señalando que «hoy, después de años de sufrimiento y tristeza mitigada por el tiempo, es un día de gran alegría. Aquellos padres que los vieron morir, los hermanos, tíos, sobrinos y primos que supieron de su muerte en las manos del odio y la represión, podéis ver la derrota del fanatismo y de la muerte por la santidad, por el amor, por el perdón y la misericordia».
«Que sepamos transmitir a las nuevas generaciones su memoria, no como relato de agravios, sino como herencia de amor. Esta es y debería ser, para todos, la única memoria histórica. Y que un día, si Dios lo permite, podamos celebrar su canonización como don para toda la Iglesia», concluyó.
Gertrudis Bernà Torres, sobrina de uno de los sacerdotes fallecidos, explicó que su tío siempre fue «una persona muy querida, a la que se echó mucho de menos y a quien se recordaba con mucho dolor».
«Los abuelos no hablaban nunca de lo que sucedió», señaló Bernà momentos antes de la ceremonia de beatificación.
Con una emoción «tremenda», acudió junto a otros familiares a la Catedral recordando cómo su madre «tuvo la valentía» de contar lo que le sucedió a su hermano, Juan Torres, y contribuir así a la causa. «Ella sabía que no lo iba a ver por lo mayor que era, pero siempre decía que tenía la esperanza de que lo viéramos nosotros», afirmó.