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«El cáncer puede irse pero hay una parte de ti que nunca vuelve a ser la misma»

Marina Juan Roig recibió el diagnóstico a los 32 años y comparte su experiencia en Instagram

La ibicenca Marina Juan Roig recibió el diagnóstico de su cáncer de mama el 5 de octubre de 2021. Tenía 32 años. | Foto: R.I.

| Ibiza |

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Marina Juan Roig recibió el diagnóstico de su cáncer de mama el 5 de octubre de 2021. Tenía 32 años y, en un texto publicado en su perfil de Instagram, explica que nunca olvidará aquel momento. Desde entonces, relata en sus redes sociales su experiencia como paciente y lo hace desde una perspectiva en la que queda sobre todo claro que quiere vivir y que el cáncer «es como jugar al Mario Bross» porque «se trata de superar todos los niveles, alguna vez más rápido y otras más lentas».

La joven explica hoy que contar su vivencia en Instagram es su manera «de soltar todo lo que llevaba dentro, todo lo acumulado y vivido durante mi proceso». «Es una forma de desahogarme», añade, «pero también de dar visibilidad y normalizar algo que, por desgracia, está a la orden del día y que aún es tabú».

Marina señala que la palabra cáncer suele estar relacionada «con la mala vida». Pero, en su caso, nada de su manera de vivir podía hacer presagiar que le tocaría esta «lotería»: «Precisamente yo llevaba una vida sana. Quien me conoce de verdad lo sabe. Comentan «con el deporte que tú haces»,«con lo deportista que eres».

En su cuenta de Instagram, Marina cuenta que, una vez recibido el diagnóstico, hay dos formas de afrontarlo. «O por las malas, que ni te ayudas a ti ni a tu alrededor. O por las buenas», asegura, «al final, la actitud es la clave del éxito y cada día es un reto que vas a superar».

«Cuando yo estaba en tratamiento», recuerda cinco años después del diagnóstico, «solamente quería escuchar historias bonitas y, antes de que siguieran, siempre hacía la misma pregunta: «¿Acaba bien? Si no, no quiero escucharla»».

En su perfil, publicó en julio de 2022 una imagen en la que presume del título que había logrado como subcampeona del Torneo de Padel Audi 2021 celebrado en el Club de Campo. «Foto del mejor momento de mi vida y no lo sabía», anotó en el post. Y acompañó la imagen del poema No te rindas, atribuido a Mario Benedetti.

Poco antes, en marzo, anunciaba el fin del tratamiento, al que había seguido una cirugía de reconstrucción. Todo ello en plena pandemia de COVID-19. Y pedía que hablar de cáncer dejara de ser un tabú: «Me he encontrado en todo este tiempo que aún hablar de cáncer es un tema tabú.

Avergonzarse de que se tiene o incluso esconderlo. Estamos en el año 2022, normalicemos esto! No me avergüenzo ni lo escondo, ante todo naturalidad. No estamos solos porque uno no decide tener esta enfermedad, porque nadie en su sano juicio tomaría esta elección. Podría decir miles de cosas sobre esto pero simplemente deciros que NO TENGÁIS MIEDO… Yo me quedo con todo lo bueno y os parecerá raro pero son tantas las cosas buenas que me faltan dedos para contarlas!».

Marina es ante todo positiva. Lo refleja en sus mensajes de WhatsApp. Y sobre todo sus posts en Instagram. El último publicado el pasado 5 de octubre, justo en el quinto aniversario del diagnóstico: «Hace cinco años entraba, sin saberlo, en un camino lleno de rosas y espinas… aunque, para qué engañarnos, hubo muchas más espinas que rosas. No sabía dónde me estaba metiendo, qué iba a pasar conmigo ni qué futuro me esperaba».

Explica que la Marina de hoy querría sentarse con la Marina de entonces para decirle que «sus preocupaciones iban a cambiar por completo» porque decidir qué vestido se pondría un sábado por la noche sería sustituido por «analíticas, revisiones y por ese miedo que aparece cuando notas un síntoma nuevo». Pero también tendría que contarle que «entre tantas espinas, iban a crecer algunas de las rosas más bonitas de su vida». Y es que, en estos años, Marina logró graduarse y, lo más importante, se ha convertido en mamá de una pequeña que nació en abril del año pasado.

«Han pasado cinco años y yo nunca volví a ser la misma», concluye el mensaje, «y quizás esa sea una de las verdades que menos se cuentan: el cáncer puede irse pero hay una parte de ti que nunca vuelve del todo a donde estaba. Aunque nunca dejaré de ser paciente oncológica, hoy sigo aquí. Con mis rosas, mis espinas y una vida que hace cinco años no sabía si llegaría a vivir».

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