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Temporal en Ibiza y Formentera

La dana Adam deja cicatrices de barro y cañas en las playas del noreste de Ibiza

Los torrentes de es Figueral y sa Murtera arrastraron tierra y vegetación hasta el mar y transformaron el paisaje de es Figueral, Cala Llenya y Cala Nova

La bandera azul de Es Figueral ha caído a causa de las fuertes tormentas registradas en Ibiza. | Foto: Toni P.

| Santa Eulària |

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La playa de es Figueral presentaba este martes una imagen muy alejada de la estampa estival que la caracteriza. Los torrentes, cargados de agua tras las intensas lluvias provocadas por la DANA Adam, habían transformado por completo el paisaje de esta zona del noreste de Ibiza, en el municipio de Santa Eulària. Una profunda cicatriz atravesaba el arenal hasta llegar a la orilla, arrastrando arena, barro y vegetación. Las cañas transportadas por la corriente ocupaban buena parte de la playa, convertida en el reflejo de la fuerza con la que el agua había bajado desde el interior.

Una imagen similar podía observarse en Cala Llenya y Cala Nova, donde las lluvias también habían dejado huella. Sin embargo, los efectos del temporal no impidieron que numerosos turistas se acercaran a la zona para pasear y contemplar los destrozos. Algunos aprovecharon incluso los momentos en los que el sol consiguió abrirse paso, alrededor del mediodía, para tomar el sol, mientras los niños exploraban el terreno removido por la corriente.

Una imagen insólita

Bernardo, madrileño de origen y residente en Ibiza desde hace 44 años, lleva cuatro viviendo en la zona de es Figueral. En todo este tiempo, asegura, nunca había presenciado algo parecido.

«Fue un auténtico desastre. Los dos torrentes pasaron de estar tan muertos como el río de Santa Eulària a resucitar y bajar con agua a raudales, arrastrándolo todo», explica. La intensidad de las precipitaciones llegó a impedirle continuar su trayecto en coche. «Intenté salir y tuve que darme la vuelta porque no podía seguir».

El agua arrastró vegetación, residuos y tierra hasta el mar, tiñendo de rojo buena parte de la costa por el barro. La fuerza de la corriente también dejó al descubierto rocas que habitualmente permanecían ocultas bajo la arena, alterando la fisonomía de la playa.

Para quienes habían elegido Ibiza buscando sol y playa, la estampa resultaba igualmente inesperada. Giselli paseaba por la zona junto a su pareja, Stephan, y sus dos hijos, James y John. La familia, residente en Alemania, había llegado a la isla el domingo por la noche, en plena tormenta.

«Elegimos venir a Ibiza para disfrutar de unos días de sol. Las fotos que vimos del hotel y de la zona eran preciosas, pero ahora no se parece en nada a la playa que vimos en la web», lamenta. «No nos esperábamos encontrarnos con esta meteorología. Ha sido una faena para nosotros».

La situación limita también las posibilidades de ocio de los más pequeños. «Ni podemos bañarnos ni dejar a los niños que jueguen en el agua. Esperamos que estos días mejore el tiempo y podamos disfrutar de algún día de sol, porque nos vamos la semana que viene. Mientras tanto, visitaremos otros lugares», señala Giselli, que reconoce que nunca había visto una tormenta semejante.

Un fenómeno recurrente

La perspectiva de Pepe Juan, veterano vecino de la zona y responsable del mítico restaurante de la playa Es Alocs, es distinta. Aunque reconoce los daños, considera que la correntada de estos días ha sido relativamente moderada en comparación con otros episodios vividos en la zona.

«Ha sido una correntada más o menos normalita, tirando a fuerte, pero una más. No ha habido más desgracia que la pérdida de unas cuantas hamacas por parte de uno de nuestros vecinos. Nosotros no hemos perdido nada, gracias a Dios», explica.

La playa ha quedado muy deteriorada, pero Pepe Juan confía en que los temporales contribuyan a recuperar progresivamente el arenal y que, si las condiciones acompañan, el próximo verano vuelva a presentar un aspecto similar al habitual.

El vecino recuerda especialmente la gran torrentada de 1977, que describe como «verdaderamente terrible». Según relata, el caudal llegó a superar los cuatro metros y provocó un desastre de grandes dimensiones. Desde entonces, calcula que se han producido alrededor de cinco episodios importantes, incluido el de este año, con una frecuencia aproximada de una década. El anterior tuvo lugar en 2016, concretamente el día 21 de octubre, por lo que el episodio actual se ha producido con apenas dos días de diferencia respecto al décimo aniversario.

Más allá de los daños visibles en la playa, Pepe Juan pone el foco en el estado de los torrentes que desembocan en la zona. A su juicio, la acumulación de vegetación y residuos en los cauces favorece que se formen tapones cuando se registran precipitaciones intensas.

«Los torrentes están muy sucios. Ni los vecinos ni Recursos Hídricos se ocupan de hacer la limpieza y, cuando se pone a llover de esta manera, las cañas hacen tapón hasta que colapsan y el agua baja de golpe», advierte.

En es Figueral confluyen dos torrentes: es Torrent d’es Figueral y es Torrent de sa Murtera, situado al final de la playa. Ambos bajaron con fuerza durante el episodio de lluvias, arrastrando los materiales acumulados en su recorrido y depositándolos en la costa.

Mientras los visitantes recorrían este martes un paisaje todavía marcado por el barro y las cañas, los vecinos observaban los efectos de una fuerza natural que, aunque conocida en la zona, sigue dejando una huella considerable cuando las precipitaciones desbordan los cauces. La recuperación del arenal dependerá ahora de la evolución del tiempo y de los procesos naturales que, con el paso de los meses, puedan devolver a estas playas parte de su aspecto habitual.

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