La madrugada de este domingo se vivirá un momento clave del año en España como es el cambio al horario de invierno. Esto se producirá a las 3:00 horas de la madrugada, momento en el cual los relojes retrasarán una hora y volverán a marcar las 2:00 horas en la Península y Baleares. De modo que, sí, la noche del sábado al domingo, en España se dormirá una hora más.
Aunque es una costumbre que se repite dos veces al año, el cambio horario lleva años generando debate en España y en el resto de Europa. La medida nació vinculada al aprovechamiento de la luz natural y al ahorro energético, pero hoy en día se cuestiona hasta qué punto sigue cumpliendo esos objetivos.
Además, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, defendió recientemente que la Unión Europea pusiese fin a los cambios de hora estacionales y planteó que 2026 sea el último año en que se realicen. El presidente argumentó que se trata de una práctica obsoleta, con un ahorro energético limitado y efectos negativos sobre el sueño y los ritmos biológicos. La iniciativa se planteó en el Consejo de Transporte, Telecomunicaciones y Energía de la UE.
Origen
El origen del cambio de hora en España se remonta a 1918, en plena Primera Guerra Mundial, cuando el Gobierno decidió adelantar los relojes para reducir el consumo de carbón, un recurso fundamental para la industria y la generación de energía. La medida quedó recogida en un real decreto publicado el 4 de abril de aquel año.
La primera aplicación tuvo lugar el 15 de abril de 1918. A las once de la noche, los relojes se adelantaron hasta las doce, dando comienzo al horario de verano. La decisión seguía la tendencia de otros países europeos, que habían comenzado a modificar sus horarios para ahorrar combustible durante la guerra.
La novedad despertó tanta curiosidad en Madrid que miles de personas se congregaron en la Puerta del Sol para observar cómo se adelantaba el reloj del Ministerio de la Gobernación. La Biblioteca Nacional de España recuerda que aquella noche se vivió prácticamente como una celebración popular.
Sin embargo, tras su estreno, el cambio de hora tuvo una trayectoria irregular, ya que se fue aplicando de manera intermitente. Hubo años sin adelanto horario, e incluso durante la Guerra Civil, llegaron a coexistir horario distintos en los territorios controlados por cada bando. En 1940 España adelantó una hora su horario oficial y pasó a utilizar el huso horario de Europa central, que es el que mantiene actualmente la Península y Baleares, abandonando por completo la práctica de cambiar la hora dos veces al año.
No fue hasta el año 1974 cuando el cambio horario regresó de forma continuada, en 1981 comenzó a coordinarse mediante directivas europeas, quedando establecida finalmente en España mediante el Real Decreto 236/2002.
¿Cambio?
El 20 de octubre de 2025, Pedro Sánchez anunció que España propondría a la Unión Europea eliminar definitivamente los cambios estacionales de hora y que el de octubre de 2026 fuera el último.
El presidente argumentó que se trata de una práctica obsoleta, con un ahorro energético limitado y efectos negativos sobre el sueño y los ritmos biológicos. La iniciativa se planteó en el Consejo de Transporte, Telecomunicaciones y Energía de la UE.
La propuesta no significa que España pueda dejar de cambiar la hora por decisión unilateral. El sistema está regulado por una normativa europea y cualquier modificación debe acordarse entre los Estados miembros y las instituciones comunitarias.
El principal problema es que eliminar el cambio de hora no resuelve por sí solo qué hora debe tener cada país. Si unos Estados mantuvieran el horario de verano y otros el de invierno, podrían surgir diferencias horarias que afectasen al transporte, al comercio y a las actividades transfronterizas.
Por tanto, ¿será el cambio de este domingo el último? No. Aunque Sánchez propuso que el de octubre de 2026 fuera el último, la Unión Europea ha publicado en marzo de 2026 el calendario de cambios para el periodo 2027-2031. Por ahora, el sistema sigue vigente y la propuesta de eliminación no se ha aprobado.
Llevamos más de ochenta años arrastrando una chapuza histórica: en 1940 Franco adelantó el reloj para bailarles el agua a Hitler y a Berlín, descolgando a España de su huso horario natural con Londres y Lisboa. Ahora los burócratas nos quieren encajar el horario de invierno apelando a la pureza del mediodía solar, pero ignoran la evidencia epidemiológica y conductual más básica: robarle una hora de luz a la tarde dispara los síntomas del trastorno afectivo estacional, hunde la actividad física al salir del trabajo y aumenta los accidentes de tráfico vespertinos, por no hablar del tiro en el pie que le mete al comercio local y a sitios como Ibiza. El cuerpo humano responde a la luz real del entorno, no a una línea trazada en un mapa por un dictador; si ya hemos organizado nuestra vida social y económica en torno a esas tardes con luz, aferrarse al horario de verano permanente no es un capricho, es pura salud pública y sentido común frente a la inercia de un decreto fascista obsoleto.