Una médico residente de la Fundación Jiménez Díaz, en estado de enajenación mental, mató ayer en las dependencias de este centro sanitario a una compañera, también médico residente, y a una paciente, e hirió a otras seis personas, de las cuales una de ellas se encuentra en situación de extrema gravedad. La agresora, Noelia M.N., de 31 años, que atacó a las víctimas con un cuchillo de unos 15 centímetros, en torno a las 14.30 horas, fue reducida poco después de los ataques a sus víctimas por agentes de la policía y con la ayuda de un celador, y se recuperó el arma homicida.
En su ataque a las ocho personas, la agresora asestó más de 17 puñaladas a sus víctimas. Tras la agresión el caos y el nerviosismo se apoderó del centro sanitario. El piso del departamento de Reumatología, donde se produjo el ataque, quedó empapado de sangre; gasas, guantes de látex y diversos utensilios médicos quedaron caídos a la espera de que agentes de la policía judicial los examinara en busca de pruebas.
Testigos presenciales dijeron que, tras propagarse la noticia de la agresión, se pidió al personal que se refugiaran donde pudieran y que cerraran todas las puertas. Incluso se permitió el acceso a la zona de la Unidad de Cuidados Intensivos, mientras se producía un «revuelo impresionante», según los testigos Leila Elguamari, médico residente de 27 años, murió cuando era intervenida en el quirófano, mientras que la paciente fallecida, que recibió cuatro puñaladas y también fue intervenida, pero falleció después.
El herido de extrema gravedad es el marido de una paciente que estaba ingresada en el centro sanitario y que sufre una herida por arma blanca en la región abdominal, con rotura de la aorta. Además, entre los heridos hay dos enfermeras, dos auxiliares y un médico residente. Ésta última presenta una puñalada en el cuello y un auxiliar sufre lesiones de carácter leve. El director médico del centro sanitario, Manuel de Oya, explicó en conferencia de prensa que el juez se trasladó a la clínica para interrogar a todas las personas que han visto el «luctuoso suceso». Muchos trabajadores del centro se ofrecieron a donar sangre.
De Oya lamentó «profundamente» que los hechos hayan sucedido en una clínica «donde nos preocupamos por los enfermos» y afirmó que este es «uno de los momentos más graves vividos en esta gran casa». Eludió comentar los detalles del suceso porque la investigación policial está abierta, pero confirmó que en el hospital se sabía que la supuesta agresora había tenido depresiones, aunque «el brote psicótico es impredecible».