«Un pescador muy mayor recordaba que hace muchos años que había ocurrido algo muy parecido», decía anoche desde el puerto de La Savina el jefe de la Policía Local de Formentera, Joan Mayans. Sin embargo, casi nadie en las islas recuerda haber sentido un temblor de la magnitud del de ayer y menos aún que el mar bajara y subiera como el agua agitada de una bañera.
«El ruido que hacía el mar cuando se retiraba era espectacular, daba miedo», apuntaba desde la playa de es Pujols, también en Formentera, un testigo que no daba crédito a lo que estaba pasando. En Eivissa, tampoco nadie esperaba los tsunamis. «El agua de la bahía de Portmany baja y sube de manera espectacular. Protección Civil ha ordenado desalojar el puerto a todo el mundo», explicaba anoche un policía desde el paseo marítimo de Sant Antoni.
Lo mismo ocurrió en Santa Eulària. «El agua sube y baja y aquí se espera que aún llegue lo peor», decía un marinero de esta localidad. En Eivissa, los vecinos de los pisos superiores de los edificios más altos son los que más notaron el temblor, que en las Pitiüses, según algunas fuentes, alcanzó los 5 grados en la escala de Richter. En el epicentro, en el norte de Argel, el sismógrafo alcanzó los 6'7 en esta misma escala, causó al menos 100 muertos, centenares de heridos y daños aún incalculables, y lo más probable, según las agencias de prensa, es que el número de víctimas mortales vaya en aumento con el paso de las horas. «La lámpara de mi casa se movía mucho», dijo César, un joven que vive en tercer piso de un edificio de la calle Antoni Jaume de Eivissa. Muy cerca, en un piso 4º de la calle Carlos V, Abel optó por bajar de su casa: «He visto la oportunidad y he bajado al bar», bromeó.