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El atracador de la gasolinera asegura que la pistola se le disparó

El juez ordena el ingreso en prisión tras reconocer el detenido el robo, así como que estaba en tratamiento contra su adicción a las drogas

El presunto autor del robo en la gasolinera de la rotonda de entrada al puerto de Eivissa se dirige a un coche policial para su traslado a prisión. g Fotos: MARCO TORRES.

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J.F.P. explicó durante su comparecencia ante el juez Juan Carlos Torres, ayer responsable del juzgado de guardia, que cogió el arma tras entrar en casa de su padre, a quien también pertenecía el todoterreno Suzuki que utilizó para desplazarse hasta la estación de Cepsa.

Para ello sólo que tuvo que dar unos pasos. La Stark del calibre 22 empleada en el atraco era guardada por su padre en el piso en el que el sospechoso dormía, pero en una planta superior. Dicha persona tenía autorización para poseer este arma y, al parecer, la había solicitado después de que durante la estancia de su familia en Bilbao, antes de trasladarse a Eivissa, temiera ser objeto de un atentado. El acusado salió de su casa sobre las dos de la madrugada con las llaves del todoterreno de su padre y supuestamente ya con la idea de lo que iba a hacer. La investigación policial también ha determinado que J.F.P había planificado posiblemente su golpe ya que días antes visitó presuntamente la misma estación de servicio y puso combustible al vehículo con el que se trasladaba.

El ladrón irrumpió en la tienda pidiendo directamente el dinero a la vez que se acercaba al mostrador. En su declaración ante el juez negó que antes de que se produjera el disparo que pasó entre las dos víctimas hubiera apretado dos veces antes el gatillo y amartillado de nuevo su arma, tal y como sí relataron las dos empleadas afectadas por lo ocurrido. J.F.P., por contra, señaló que, en todo caso, la pistola se le disparó sola cuando la exhibió creyendo que las trabajadoras no le tomaban en serio, riéndose de él, y le conminaron a que se fuera, según sus propias manifestaciones. Añadió que el disparo se produjo por «accidente» a causa de las molestias que le provocaba una venda que llevaba en la muñeca y que ayer, sin embargo, no lucía.

La detonación hizo que una de las empleadas abriera la caja registradora y le diera todo lo que había en su interior, cerca de 400 euros, momento en que emprendió la huida.

Según la información recogida por este periódico, ambas mujeres indicaron a la policía que el robo fue extremadamente rápido y que apenas tuvieron tiempo para reaccionar. Después de que los agentes recogieran el casquillo junto al mostrador, una de ellas observó un agujero en una puerta corredera. El juez, tras pedir el fiscal la prisión sin fianza del sospechoso, instruirá ahora la causa para aclarar por qué delitos se sentará en el banquillo el detenido.

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