Xicu Ferrer sucumbió ayer a la rabia acumulada por su caída a tres etapas del final del Dakar-El Cairo 2000. A las once y media de la mañana se bajó del rápido de Formentera el piloto formenterés entre lágrimas de rabia y emocionantes muestras de adhesión de sus vecinos. Una delegación de ciudadanos de Formentera, con el alcalde Isidor Torres al frente, recibieron a Ferrer pertrechados con bocinas y bombos, para hacer ruido. «La gente de Formentera es fantástica y no he podido evitar emocionarme, porque me sabe muy mal haberme caído a falta de tres etapas en el único agujero que no estaba en el road-book», explicó Ferrer.
La caída surgió en el peor momento. El formenterés empezaba a mejorar posiciones y la moto se le cayó encima. «Me levanté. levantar la moto me costó bastante, porque estaba llena de gasolina y pesaba más, pero al final conseguía acabar la etapa». «Cuando llegué al campamento los médicos, nada más verme, ya me dijeron que era grave. Yo quería salir pero no me dejaron», explicó.
En El Cairo Ferrer seguía sin creerse el alcance de la lesión. «Cuando me dijeron que me había roto varios ligamentos no me lo creí, porque yo podía andar, pero la verdad es que los he pasado mal, porque es una lesión que duele mucho», dijo.
Ferrer se lamenta una y otra vez de su mala suerte, porque asegura que éste era «un Dakar fácil». «No había navegación, excepto en la primera etapa, y el desgaste físico era poco. Si se hubiese corrido entero el desgaste habría sido mecánico», explicó.