Un gol de Serrano en el último minuto de partido apuntilló a un Celta moribundo en la Copa del Rey y herido en la liga. El Espanyol supo jugar muy bien la baza de haber cosechado un resultado positivo en Montjuïc, marcó el ritmo del partido e impidió que el Celta desplegase su habitual juego ofensivo desde el centro del campo. El equipo catalán defendió bien por todo el terreno y no dio opciones en ningún momento al cuadro de Víctor Fernández, que exhibió, una vez más, alarmantes signos de crisis.
Por otra parte, el Compostela puso fin ayer, gracias a los lanzamientos desde el punto de penalti, al sueño del Villarreal, que rozó el pase a los cuartos de final tras empatar una eliminatoria complicadísima y forzar la prórroga. A pesar de que el milagro pasaba por marcar tres goles, el equipo castellonense no se amilanó por ninguna circunstancia, ni siquiera por el hecho de llegar al descanso con el marcador a cero, y dominó totalmente a su rival. El Villarreal tuvo en el segundo tiempo la suerte que le faltó antes, redobló la confianza en sus posibilidades y en el minuto 64 Cagna mostró el camino con un gol. Cuatro minutos después, y sin tiempo de reacción, Moises volvió a alojar el balón en la red. Ya en tiempo de descuento, de nuevo Moises lograba el definitivo 3-0 que daba al Villarreal el pasaporte a la prórroga. Ambos equipos acusaron el desgaste de los noventa minutos y se encomendaron a la ruleta de los penaltis, que favoreció al Compostela (2-4).